Colabora
Anna Grau

Ni escudo, ni social

Bajo el mandato de Ada Colau, Barcelona se ha convertido en una ciudad solo apta para ricos y para ocupas. Hay que ser no pijo sino pijísimo para sobrevivir a un comunismo así.

Europa Press

Entiendo más que el gobierno Sánchez se llene la boca llamando "escudo social" a su política Frankenstein para "solucionar" (sic) el problema de la vivienda, que a los periodistas que repiten como loros esa fórmula, sin cuestionarla. ¿Qué escudo? ¿Qué social? Escudo social sería que cuando una persona o una familia realmente vulnerables se quedan sin techo, la Administración proveyera soluciones. Sea poniéndoles dónde vivir, sea pagándoles el alquiler. Pero expropiar por la puerta de atrás a propietarios pequeños, medianos o incluso grandes, desvestir a un santo para vestir al otro, y llamar a eso "escudo social", es como pretender que el narco "El Mencho" trabaja para Cáritas.

Tenemos un serio problema con la vivienda y otro problema más gordo aún con esa ultraizquierda casposa y mentirosa que en cuanto coge una bandera, no falla: eso no se va a solucionar jamás. Todo lo contrario, se va a pudrir y envenenar hasta el infinito. Sea la bandera palestina, sea la del derecho a vivir dignamente.

¿Qué más tiene que pasar para que nos demos cuenta de que intervenir atolondrada y sectariamente -que no regular sensatamente- el mercado inmobiliario, no digamos glorificar la ocupación, no solo no sirve para abaratar alquileres e hipotecas, sino que tiene el efecto justo contrario? Encima se creen que han inventado la sopa de ajo, cuando este error ya lo cometió Franco. Los alquileres de eterna renta antigua se los inventó él, ¿se acuerdan? En plena posguerra. Cuando se dio cuenta de que se había equivocado, de que el alquiler no fluía, creó el ICO. Hasta Franco tenía más capacidad de rectificar que los comunistas de hoy.

Salvador Illa se ha hecho una fotaza con los Comunes catalanes, sacando pecho de una pomposa ley contra la compra de "vivienda especulativa" que, no falla: o se estrellará contra el Tribunal Constitucional, o contra la realidad. Los socialistas catalanes, que no son tontos, lo saben. Pero, si esa foto es el precio de que salgan presupuestos, pues qué se le va a hacer. Agacharse todos en formación de tortuga bajo el "escudo social".

Si de verdad quisieran escudos sociales, anda que no podrían hacer cosas: desde aligerar la burocracia para que una licencia de obras no tarde la barbaridad que tarda, hasta liberar suelo público para construir, pasando por incentivar el alquiler serio, no turístico ni especulativo, en lugar de penalizarlo fiscalmente y de generarle inseguridad al propietario. Más en un país donde históricamente las familias trabajadoras y de clase media han basado su ahorro en el ladrillo, en comprarse con mucho esfuerzo una casa (y sí, el que podía, dos o tres) y dejarla en herencia a los hijos. ¿Acaso no tienen derecho? No todo el mundo puede vivir de gorra en la Moncloa.

Mienten como bellacos encima cuando niegan la evidencia de que todo lo que proponen sea una apología de la ocupación. ¿De qué otra cosa llevan años haciendo apología? ¿Y con qué resultado? Bajo el mandato de Ada Colau, Barcelona se ha convertido en una ciudad solo apta para ricos y para ocupas. Hay que ser no pijo sino pijísimo para sobrevivir a un comunismo así. Si en Barcelona encontrar casa es misión imposible, y si encima la movilidad es un infierno para el que trabaja allí pero solo gana para vivir fuera, ¿qué quieren que haga la gente normal, quemarse a lo bonzo?

Pero creo que todo esto ustedes ya lo saben. Por eso convendría prestar más atención al lenguaje, a su uso torticero, a esa lluvia fina de mentiras que va calando, confundiendo soluciones con problemas y viceversa. No señor, este jueves en el Congreso no se tumbó ningún escudo social. Porque hace tiempo que el gobierno no tiene ninguno.

Temas

Ver los comentarios Ocultar los comentarios

Portada

Suscríbete a nuestro boletín diario