
Se sabía que el Gobierno llevaba tiempo haciendo malabares con los fondos Next Generation: ha usado los fondos europeos especiales para la emergencia de la covid-19 como una hoja de parra para tapar sus vergüenzas presupuestarias. Que conste que no es el único. En Cataluña, cuando aún no se había puesto el sol en los gobiernos de Junts y ERC, se tiró de esos fondos…para pagar a la productora más amiga de TV3, la de Toni Soler, varias entregas del Polònia, un programa de sátira política muy apreciado por los independentistas, que, hasta el advenimiento de Salvador Illa, eran los únicos que quedaban bien en sus gags.
Esto último –lo de los fondos Next Generation, no lo de los gags…– lo denunció servidora, siendo todavía diputada de Ciudadanos, en la pertinente comisión parlamentaria de control de los medios de comunicación catalanes. Ya se pueden figurar el caso que me hicieron. De travesura en travesura, mientras la gente está a otras cosas, nos van desplumando lentamente. ¿Como paso previo a cortarnos el pescuezo?
Fondos europeos para alimentar pesebres. Fondos europeos para tapar las goteras del sistema de pensiones, como acaba de detectar y denunciar el Tribunal de Cuentas, por cierto, que la chapuza la firma la flamante candidata socialista a la Junta de Andalucía. De ERE en ERE y tiro porque mi cuerpo serrano así lo quiere.
La falta de transparencia es absoluta. Da pavor este gatillo tan rápido para meter mano en la caja pública legalmente, o con apariencia de legalidad. Total, el resultado sólo es engordar la pelota de la deuda, chutarla hacia adelante, obligar a quien venga detrás a abrirse paso a machetazos entre el reguero de telarañas dejado por tantísimo despilfarro. Para que no haya manera de gobernar después de Sánchez si no es apretándose muy a fondo el cinturón.
Si los errores de los médicos se tapan con tierra y los de los arquitectos con plantas, los de los políticos se tapan con impuestos. Más y más impuestos, menos y peores servicios, mientras la hipoteca del futuro crece hasta lo monstruoso. Hasta lo inasumible.
La socialdemocracia europea, que sin duda ha dado lugar al mayor período de prosperidad conocido en Europa, así como al florecimiento de la clase media, se tambalea bajo amenazas que van desde lo demográfico… a la jeta pura y dura. En nombre de la socialdemocracia se ha criado y engordado una industria política tan superpoblada de gasto superfluo como escandalosamente floja en su función. Prueben a hacer un trámite, cualquier trámite, con la Administración. Y ya me cuentan quién tiene que perder la mañana y/o la paciencia: si el que paga por el servicio, o el que cobra por no prestarlo.
Luego nos dan miedo las motosierras y todo lo que huela a liberal. Que es verdad que a veces pagan justos por pecadores, vulnerables legítimos por aprovechados, malvivientes por vividores. ¿Saben cuántos miles de personas no tienen dónde dormir esta noche en una ciudad como Barcelona? Pues si esperan que el Ayuntamiento de Jaume Collboni se lo cuente, o meramente lo comente, espérense sentados.
Tanto tensan la cuerda de la 'solidaridad', que asombra que no se haya roto todavía. Que la sufrida gente productiva que queda no se haya echado aún al monte, y allá que se las componga cada cual, viva la ley del más fuerte. ¿Era eso lo que queríamos? No, queríamos una sociedad de oportunidades, igualadora en función del mérito, que nadie valioso y con ganas de aportar se quedara atrás. Pero nos están sangrando y desangrando tanto, que el peligro es que cuando al fin haya ocasión de poner remedio, este acabe siendo peor que la enfermedad.
Estos días que tan entretenidos estamos con Ábalos, Koldo y Aldama, infantilmente prestando más atención a las señoritas que a los dineros, a los gatos estampados por despecho amoroso contra la pared que a la liebre que deberían darnos por derecho, pero siempre se nos escapa, estaría bien considerar que la corrupción sucia, la que llega a tribunales, siendo enorme, es una gota en un mar. Nos debería preocupar mucho más la corrupción limpia, la que día a día se comete sin ensuciarse las manos, la que lenta pero inexorablemente nos va vaciando de futuro. Y de principios.
