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El "No a la guerra" de Sánchez: una farsa cínica en un universo paralelo

A lo Neville Chamberlain, Sánchez pidió "una solución diplomática y política" y equiparó la guerra de Trump con un régimen diabólico.

A lo Neville Chamberlain, Sánchez pidió "una solución diplomática y política" y equiparó la guerra de Trump con un régimen diabólico.
Sánchez aseguró que la posición de su Ejecutivo frente al conflicto bélico en Oriente Medio desencadenado por los ataques de EE.UU. e Israel a Irán se resume "en cuatro palabras": "No a la guerra". | EFE

La principal deducción que se obtiene de la declaración institucional de Sánchez, en la que ha abordado la guerra de Irán, la posición del Ejecutivo y "las acciones que estamos llevando a cabo", es que La Moncloa es un portal a un universo paralelo; un lugar en el que, como cantaba el gran Battiato, no hay time ni space. Ha habido un desajuste en la materia, o como se diga. Sólo así puede entenderse que el jefe del Ejecutivo haya comparecido donde plancha la oreja, como si el Reino de España fuera una república presidencialista, y no en el Congreso de los Diputados. Sólo así puede entenderse que el yerno de Sabiniano se haya dirigido a la nación el 4 de marzo de 2026, y no el 20 de marzo de 2003, calcando el lema del Maharishi Zapatero, el consultor que, a "precio de mercado", cobraba 70.000 lereles anuales de la empresa en la que enchufó a sus hijas.

La compañera Leticia Marquín titula así su noticia sobre la declaración: "La simpleza de Sánchez", junto a una cita textual del presidente. Nihil obstat. El jefe del Ejecutivo ha discurrido por lo elemental, lo previsible, lo ñoño y lo infantiloide. Ha lamentado que de la guerra de Irán no salga "un orden internacional más justo, ni tampoco salarios más altos, ni mejores servicios públicos ni un medio ambiente más saludable". Como si los ciudadanos que, hasta este sábado, alzaban su voz contra la tiranía islamista, mientras los masacrados se contaban por decenas de miles, reclamaran para ellos el SMI de la saliente Yolanda Díaz o aguas más limpias para el tritón del Luristán.

A lo Neville Chamberlain, Sánchez pidió "una solución diplomática y política" y equiparó la guerra de Trump con un régimen diabólico; como Zapatero, resucitó el "No a la guerra" y cargó contra la administración Bush, que "nos arrastró a otra guerra en Oriente Medio", y contra el Trío de las Azores, que nos regaló "un mundo más inseguro y una vida peor". "No se puede responder a una ilegalidad con otra –continuaba–. Así es como empiezan los grandes desastres de la Humanidad". Que se lo digan a Churchill. Eppur

La perorata populista y sentimentaloide de Sánchez ha calado entre su feligresía. Sus lacayos políticos, periodísticos, cinematográficos y virtuales lo jalean por señalar a los ricos que usan "el humo de la guerra para ocultar su fracaso y llenar, de paso, el bolsillo de unos pocos" –siempre y cuando esos millonetis no tengan carné del PSOE– y por no someterse a quienes consideran el trasunto naranja de Belcebú. Convierte en una farsa cínica, pero efectivísima, aquellos versos de Lope en el Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo: "Y escribo por el arte que inventaron / los que el vulgar aplauso pretendieron, / porque, como las paga el vulgo, es justo / hablarle en necio para darle gusto". El conflicto con Trump le da vida a un tipo del que no se fían la OTAN ni la UE –véase la corná de Merz– y con el que se frota, aún más, las manos Marruecos. No veo yo a la Sexta Flota echándonos un capote cuando nos invadan Ceuta y Melilla.

Por cierto, ¿alguien se fijó en la mancha que tenía Sánchez en la parte izquierda de su cuello? ¿Ha publicado algo sobre ella el periódico de Ignacio Escolar? Igual en un universo paralelo...

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