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Veinte años no es nada

Sánchez, al que la naturaleza no ha dado un buen instinto pero sí olfato político, hace presa con el "no a la guerra" y aprieta el mordisco.

Sánchez, al que la naturaleza no ha dado un buen instinto pero sí olfato político, hace presa con el "no a la guerra" y aprieta el mordisco.
El presidente del Gobierno, durante el pleno del Congreso de los Diputados en Madrid sobre la guerra en Irán. | EFE/ Mariscal

Hace más de veinte años que Aznar dejó de ser presidente, pero como decía el tango, veinte años no es nada, así que este miércoles en el Congreso parecía que aquel señor con bigote seguía mandando en España y metiéndonos en una guerra tras otra, venga a genocidar gente.

Sánchez, al que la naturaleza no ha dado ni un buen instinto pero sí un notable olfato político, siente que ha hecho presa en el electorado con el "no a la guerra" y aprieta el mordisco: Aznar, Franco, Siria, Libia... lo que haga falta en un totum revolutum que provoca todavía más vergüenza intelectual que rechazo moral, que ya es decir. Menos mal que el presidente vive mucho más allá de la ética y del sonrojo, si no lo pasaría fatal, el pobre.

Las encuestas dicen que es así, que la cosa funciona, y quizá también lo dijeron las urnas de Castilla y León, pero unas y otras certifican que el invento va a dar para poco: unas décimas de subida que le dejan tan lejos del Gobierno como antes, pero un poco más cerca de cierta supervivencia política y, quién sabe, de una vuelta al poder antes de que a Feijóo le haya dado tiempo a gastar mucho el famoso colchón monclovita. Lean a Úbeda, que lo explicaba muy bien en su crónica parlamentaria.

¿Cómo puede funcionar una ideica tan vieja y tan cutre como el no a una guerra en la que España ni pincha ni corta y la oposición aún menos? Pues miren, les confieso que me cuesta creerlo, pero la realidad es que es la única idea que de verdad le ha funcionado a la izquierda en lo que llevamos de siglo, así que solo era una cuestión de tiempo, y de oportunidad, que volviese ser parte de nuestras vidas. Lo que les decía: veinte años no es nada.

¿Y qué pasará cuando se acabe el conflicto, probablemente dentro de solo unas semanas? Pues nada, seguirán dando la matraca con Trump, Netanyahu, Gaza, los genocidios y, finalmente, Aznar, Franco o lo que salga esa semana, será por temas y por días... Hasta el próximo escándalo, el siguiente socialista que entre en la cárcel o las primeras condenas, todo es cuestión de tiempo y para eso no hará falta que pasen veinte años.

Mientras tanto, disfrutemos de este retorno a nuestros años mozos, vivamos con el alma aferrada a un dulce recuerdo, como hace Sánchez hablándonos de aquellas manifestaciones en las que este miércoles aseguraba que estuvo tan ilusionado. Eso sí: si él dice que iba tengan casi por seguro que no fue, porque el tío no le dice la verdad ni al médico del Ramón y Cajal.

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