La crisis de Oriente Medio es el argumento estrella del sanchismo, que tras las últimas debacles electorales y con unas perspectivas cada vez más negras está viviendo sus horas más bajas.
La demagogia de Pedro Sánchez no conoce límites, al igual que las tragaderas de los afiliados del PSOE, que aceptan el discurso falsario de su líder, al que pretenden convertir en un referente mundial haciendo gala de una total ausencia de sentido del ridículo. El sectarismo de la izquierda española, especialmente exacerbado cuando se trata de EEUU, es el caldo de cultivo que Sánchez está utilizando para movilizar a unas bases cada vez más desvinculadas de los intereses electorales del partido.
La última carta de Sánchez a la militancia del PSOE es otra pieza sanchista donde la hipocresía y la mentira se dan la mano, para dar forma a un mensaje insultante envuelto en retórica moralista. Ya en las primeras líneas, Sánchez atribuye toda la responsabilidad de la crisis a EEUU e Israel, sin mencionar los crímenes abominables del régimen teocrático de Irán contra su propio pueblo y la amenaza directa que la escalada crítica del programa nuclear de Teherán supone para los países occidentales. Lo mismo ocurre con la guerra de Gaza, desatada tras la terrible masacre terrorista de Hamás en Israel, que Sánchez despacha con su conocida apelación a un genocidio israelí sin ninguna otra referencia de contexto.
En el escrito, hecho público en las redes sociales, Sánchez presume de haber hecho del "no a la guerra" el eje central de su acción de Gobierno, afirmando que esas "cuatro palabras son no solo una postura política, sino una forma de entender y de estar en el mundo". Sin embargo, el presidente olvida mencionar que España participa en la guerra de Ucrania con armamento bélico, que él mismo ha ordenado el envío de un buque de guerra a Oriente Medio o que, en fin, su Gobierno ha triplicado el gasto militar desde 2018. Este es el pacifismo de Sánchez, un presidente que, si no fuera de izquierdas, sería tachado de belicista por los mismos que lo aplauden por haber recuperado una consigna tan falsa como todas las que enarbola la izquierda con vocación electoralista.
La carta a los militantes socialistas se regodea en la falsedad y responsabiliza a la guerra de Irán de unas consecuencias económicas que "ya están entrando en nuestras casas. En la factura de la luz. En el precio de la compra. En la subida de la hipoteca. En la incertidumbre de tantas familias". Solo los votantes del PSOE —y ni siquiera todos ellos— pueden hacer este ejercicio sobrehumano de elusión de la realidad para aceptar que los problemas económicos que viven las familias españolas comenzaron hace un mes con la crisis iraní. Pero el sanchismo sobrevive negando la realidad y tratando de atribuir a los demás unas responsabilidades que les son propias en exclusiva, aunque para ello se vea obligado a insultar a la inteligencia de sus votantes. La recuperación del no a la guerra es, a estos efectos, la última coartada política para atacar a la oposición y recuperar un voto de izquierdas cada vez más desmovilizado.

