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Baño de realidad

Fue su lema de campaña y será el estro de su presidencia: devolverle la grandeza a América.

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Bobadas tras bobadas dicen y maldicen los medios de comunicación españoles sobre el triunfo de Trump. Fueron ineptos para analizar la figura de este hombre antes del día de la elección y siguen manteniendo barbaridades, incluso después de haberle oído que será un presidente para toda la nación. Fue su lema de campaña y será el estro de su presidencia: devolverle la grandeza a América. Quien escuche con realismo y atención el discurso de Trump, después de haber ganado la presidencia, entiende fácilmente por qué ha sido elegido. Este hombre, la antítesis del político idealista y trincón (dicen que la Clinton lleva 40 años sin conducir su coche, o sea, que tiene un esclavo a su servicio a todas horas), puede conseguirlo todo. Trump recompondrá su figura y dejará atrás sus exageraciones de la campaña electoral. Hay discurso y determinación.

Si Trump fuera un destrabado total, un vulgar populista de la caverna totalitaria, sería un podemita en piso subsidiado por su madre. Bastaría ese alevoso argumento para acabar de un tajo con la pandilla de progres y analfabetos, de reaccionarios y cretinos, que nos rodean por todas partes. En el caso de Trump, sí, todos se dan la mano: la barbarie de la Sexta y la televisión de los curas, las imbecilidades del progresista de guardia y el fachita agazapado en la radio de los ídem. Son todos iguales. Ignorantes que han seguido las elecciones por twitter. Sin ningún sentido de la realidad. ¡Vaya nivelazo de periodismo! Mejor se hubieran metido todos en una taberna del lejano Oeste y hubieran retransmitido desde allí lo que decían los votantes de la Clinton. Los de la Sexta y los de los curas podían haber hecho sus respectivos bodrios de programa juntitos. Siento vergüenza ajena de los periodistas españoles que han ido allí a decir bobadas. El señor grueso de la Sexta debería avergonzarse de su enviada especial y los de los curas de su embajador en EEUU.

Lo de España con Trump no tiene nombre. Menos mal que apareció el nuevo ministro de Exteriores y dijo algo coherente: "El presidente Rajoy ha felicitado a Trump y yo espero el nombramiento del secretario de Estado para hablar con él". Al fin, un tipo normal, un diplomático de carrera, se sabe el tema de su negociado. Nadie, entre la amplia nómina de los multimillonarios cantantes y actores de EEUU, apoyó a Trump. Nadie de esos hizo campaña por Trump. Nadie de la farándula dijo algo realista sobre Trump. Solo un actor y director de cine, un tipo grandioso, dijo públicamente que votaría a Trump: Clint Eastwood. Es el mismo que ha dicho al conocer la victoria: "Estoy feliz, devolvemos la grandeza a América". ¿Cómo no creer lo que dice el mejor narrador de la épica yanqui, desde la Segunda Guerra Mundial hasta hoy? Solo un imbécil no seguiría la opinión de un genio del realismo americano. Gracias, amigo Clint, seré el primero en asistir a tu próxima película con la musa que me ha inspirado esta columna. (Por cierto, se me olvidaba poner lo último que me susurró al oído la musa: "Agárrense los moros donde puedan, porque, a partir de ahora, entre Trump y Putin les harán pagar la dolorosa").

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