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Barcelona de España

El partido de Rivera y el discurso claro y contundente de Valls siguen creciendo en honestidad.

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EFE

La candidatura de Manuel Valls a la alcaldía de Barcelona me parece uno de los proyectos políticos más sugerentes de toda Europa. Se trata de rescatar a Barcelona de las zarpas del populismo y separatismo más atroces para entregársela a los ciudadanos de España. De Europa. O Barcelona es plenamente española, universal y constitucionalista, o seguirá siendo el "modelo" de todos los secesionistas y populistas europeos. Llevar a cabo ese objetivo requiere un fuerte liderazgo y un gran sacrificio por parte de los partidos constitucionalistas que respalden ese ideario. Uno y otros tendrán que encomendarse al santo laico del estoicismo español: Séneca; no se trata únicamente de hacer de la necesidad virtud, sino también de dirigirse por el imperativo senequista de la honestidad: Lo honesto por lo honesto, apetecible por sí mismo y por su propia virtud. Asunto casi inédito cuando de política se trata.

Pero demos tiempo al tiempo. Y reconozcamos lo mejor de la cosa. El origen del proyecto de Valls hunde sus raíces, primero, en su pasado político, primer ministro de Francia, y lugar de nacimiento, Barcelona, en la extrema generosidad de C´s, que prefiere sacrificar sus expectativas electorales por un bien superior al servicio no solo de todos los ciudadanos de Barcelona sino de España, y finalmente en sus buenas relaciones con los socialistas y el PP. Sin la colaboración de PP, PSOE y C´s, ha repetido Valls, no es fácil, aunque no imposible, según mi parecer, llevar a buen puerto este ensayo político. La candidatura de Valls a la alcaldía de Barcelona digámoslo sin tapujo es toda una gran prueba para superar el Estado de partidos, auténtica mortaja del Estado de Derecho, en que se ha convertido la democracia española. El proyecto de Valls es un desafío no sólo al nacionalismo y el populismo, sino al deterioro y anquilosamiento de la democracia española por olvido de los principios clave de la Constitución del 78.

El desarrollo del proyecto es difícil, muy difícil, pero qué cosa no lo es en política… Es menester pues alentarlo, pero sería absurdo ocultar sus límites. Las dificultades inmediatas están a la vista: por un lado, el líder Valls ha hecho unas declaraciones bastantes desafortunadas sobre Vox, sin reparar que el partido de Abascal es el primer defensor de la Constitución en Cataluña y, por supuesto, el más activo agente político en denunciar ante la justicia los desmanes del separatismo catalán; por otro lado, Cs, por fortuna, después de dar alas a Valls está desperezándose ante algunas de su ingenuidades, así ha declarado Villegas que "Valls verá pronto que Iceta y Sánchez no son recuperables para el constitucionalismo".

A pesar de todo, la idea de Cs y el liderazgo de Valls siguen intactos. El partido de Rivera y el discurso claro y contundente de Valls siguen creciendo en honestidad. El asunto ahora es cómo reaccionarán PP y PSOE a ese honesto proyecto constitucionalista. En fin, los riesgos, e incluso un posible fracaso, de la candidatura de Valls no son nada comparados con la experiencia, sin duda alguna, rica y novedosa, que los demócratas de toda Europa pueden extraer de ella para combatir a los separatismos y populismos.

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