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¿Cuál es el discurso del PP?

La maquinaria de triturar populares ya está funcionando a pleno rendimiento como fruto de ese intenso trabajo de verano. Incluso han preparado un calendario electoral terrible para el PP.

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Touriño no adelantará las elecciones gallegas. Está bien. El presidente de la Xunta quiere agotar la legislatura y, de paso, parece que quiere escenificar una cierta tensión con Zapatero. ¡Política de salón! Quizá, pero, al fin y al cabo, esta gente hace política. Por eso, precisamente, no creo que los socialistas dejen de jugar, en un futuro próximo, con un nuevo adelanto electoral. En cualquier caso, se imaginan, queridos lectores, ¿cuál hubiera sido la reacción del PP ante ese adelanto electoral? Yo tengo que confesarles que no sé si su candidato defiende un discurso nacional o, por el contrario, estaría dispuesto a negociar con los nacionalistas. No sé, en verdad, cómo sintetizar el discurso del PP ante ese posible adelanto del que todo el mundo hablaba, pero que al final se ha quedado en nada.

Sin embargo, la pregunta que ha dejado en el aire ese posible adelanto electora es sencilla de resumir: ¿Cuál es el discurso político del PP? Yo tengo que reconocer que no consigo verlo para Galicia en particular, ni tampoco vislumbro con claridad los grandes mensajes del PP para que un sencillo elector vote esa candidatura. Con otras palabras, creo que es bueno preguntarse acerca de las razones por las que hemos de votar a Rajoy y no a Zapatero. Hablo, naturalmente, de las grandes razones que nos ofrece Rajoy, cuáles son sus grandes afirmaciones, y no lo que se niega del PSOE. Mientras que la política socialista es obvia y sus consignas claras hasta la crueldad, por el contrario, creo que las del PP son ambiguas y timoratas.

En efecto, el objetivo principal de los socialistas es sacar del tablero político al PP. Tienen dos métodos para conseguirlo: el primero es pactar, casi en términos totalitarios, con los nacionalistas hasta estigmatizar a la genuina oposición; y el segundo es hacer política más o menos democrática para que el PP vaya siempre a rebufo de sus iniciativas. La política socialista siempre actúa en los límites de lo permitido, en el filo, pues, entre la violencia atroz y el pacifismo de cartón-piedra. Los socialistas, definitivamente, hacen política. Saben que la política no es cosa de ángeles. Es un asunto duro y cruel para el que se necesita una férrea disciplina y una cohesión de mensajes a prueba de bomba. Los socialistas se han dedicado durante las vacaciones a engrasar este segundo método.

La maquinaria de triturar populares ya está funcionando a pleno rendimiento como fruto de ese intenso trabajo de verano. Incluso han preparado un calendario electoral terrible para el PP, sobre todo porque convierte al partido de Rajoy en un partido comparsa atenazado por el miedo de decir algo políticamente incorrecto. El juego sobre un posible adelanto de las elecciones gallegas está en esa circunstancia política.

Pero, por el contrario, el PP se muestra en todo indeciso y exhibiendo una "prudencia" pusilánime. Creen que es suficiente con tener buen tino ante asuntos menores, sensatez de boquilla, tranquilidad de perdedor y, sobre todo, dejar pasar los tiempos de acción política contra el Gobierno. Se equivocan. Mientras que el PP persista en esa actitud de esperar y ver, el PSOE estará tranquilo. El Gobierno, pues, tiene claro el calendario electoral y sus mensajes. Por el contrario, no percibo con nitidez el discurso de oposición del PP al calendario socialista, y tampoco cuáles son sus mensajes principales, aparte de acusar al PSOE de mentir y engañar a sus electores. No es poca, dirá un castizo, esta acusación, pero estoy lejos de pensar que eso llegue a los electores cuando el PP, por otro lado, se muestra tan "prudente" a la hora de criticar al Gobierno en materias tales como la terrorista, financiación autonómica, Estatuto de Cataluña o, sencillamente, en materia económica, cuando antes de dar sus propuestas se conforma con decir que el Gobierno no hace nada contra la crisis.

En fin, después de leer las declaraciones limpias y sensatas de Aznar, no puedo dejar de compararlas con el vacilante "discurso" de los nuevos dirigentes. La conclusión no puede ser más pesimista: cuando oigo hablar a los líderes del PP, uno tiene la sensación de que pierden el tiempo en discutir sobre cómo ser más o menos simpáticos ante los nacionalistas, pero que son incapaces de hacer política, o sea, de decir algo que no esté en función de lo que programa la trituradora socialista. Ojalá me equivoque.

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