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El amigo marroquí

El día que se investiguen en serio los vínculos entre los dirigentes socialistas de Andalucía y Marruecos el escándalo puede ser monumental. Podría suceder algo parecido al asunto de los ERE falsos y fraudulentos. Ya lo verán.

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Es muy acertado que Rajoy visite Marruecos antes que ningún otro país del mundo. Cien motivos y otras tantas razones podrían darse para  justificar este viaje. Quizá el más sencillo sea reconocer que Rajoy ha querido olvidar los insultos que le dirigieron hace unos meses y empezar una nueva relación con un país vecino. Bien está contestar con diplomacia y buena educación los insultos que recibió de las autoridades de Marruecos, cuando sólo era candidato del PP a la presidencia del Gobierno de España. Es obvio que nuestra situación geográfica nos obliga a llevarnos bien con Marruecos. Es un vecino, sin duda, incomodo, pero es nuestro vecino y, a veces, puede ser nuestro aliado e incluso amigo. España siempre estuvo preparada por su situación geográfica a vivir en la incomodidad. Eso a nadie le asusta, excepto a los que desconocen su historia.

Sin ningún triunfalismo, pero sería faltar la verdad no reconocer que los gobernantes de España, a lo largo de la historia y desde tiempo inmemorial, han sabido manejar, con eficacia y racionalidad, esa relación tan especial de nuestro país con Marruecos en particular, y África en general. Aparte de traiciones históricas famosas, como la del conde don Julián, creo que España ha defendido bien sus posiciones. Nadie se rasgue, pues, las vestiduras por nuestras meteduras de pata en esa zona porque, en general, nuestras ganancias han sido mayores que nuestras perdidas.

Creo que excepto el Gobierno de Rodríguez Zapatero, que pecó de indolencia y cobardía a la hora de defender nuestras posiciones diplomáticas en África, los gobiernos de la España, durante la etapa democrática, han tenido una relación más que aceptable con ese continente. Por lo tanto, no seamos fatalistas sobre nuestra futura relación con Marruecos, porque, a pesar de todas las dificultades que están sobre el tapete, podemos alcanzar acuerdos importantes para la convivencia y mejora de nuestros pueblos. Sin olvidarnos de los puntos oscuros que es menester aclarar con el reino alauita, especialmente en lo que tiene que ver con sus reivindicaciones de las ciudades españolas de Ceuta y Melilla, la situación del Sahara Occidental, la escalada de fundamentalismo islamista y, en fin, la clarificación de algunas relaciones con nuestro mal investigado 11-M, en mi opinión, es posible una nueva etapa política no tan catastrófica como la anterior, e incluso hay motivos para una mejora significativa.

Habrá, además, un aspecto a favor del gobierno de Rajoy para clarificar la relación de España con Marruecos. En efecto, es plausible que en marzo un nuevo gobierno del PP llegue a la Junta de Andalucía. Entonces será el momento de no reprochar algunas cosas a Marruecos, sino de cambiar las malas prácticas políticas establecidas por el mesogobierno regional socialista de Andalucía a la hora de relacionarse con la monarquía alauita en general y con empresarios de ese país en particular. Estoy convencido de que el día que se investiguen en serio los vínculos entre los dirigentes socialistas de Andalucía y Marruecos el escándalo puede ser monumental. Podría suceder algo parecido al asunto de los ERE falsos y fraudulentos. Ya lo verán.

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