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Elogio de la disidencia

Casado, sí, ha disentido y ha ganado. Espero que sea fiel a ese comportamiento.

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Disintió y ganó. Enhorabuena. Además, buen gusto demostró Casado al citar a Ortega y Gasset en su primer discurso como presidente del PP. La nación tiene que ser un proyecto sugestivo de vida en común. Es la única forma de seducir a quienes no quieren ser españoles. Pero por encima de esa cita está su actitud. Trató de igualar con su ánimo activo el pensamiento de Ortega. Fue su peculiar forma de ser ante el mundo, que hizo célebre otro gran pensador español en el siglo XIX, la búsqueda de la verdad a través de la crítica, el estro de su victoria. Ahora falta que la legitime con su discurso y acción. El día que Casado cite al inventor de la heterodoxia, la crítica, es decir, el disenso español, como hizo con Ortega, creeré que estamos en el buen camino de vencer al mayor peligro intelectual de la democracia: la corrección política.

Casado, sí, ha disentido y ha ganado. Espero que sea fiel a ese comportamiento. No olvide jamás que obtuvo mayor alabanza disintiendo que consistiendo. No baje la testuz y responda con criterio. El ejercicio de la crítica nunca es descalificación y menos incapacidad para convivir con los otros. Yo siempre enalteceré su capacidad de polémica, aunque yerre, porque lo importante es vivir de pie y caminar con paso erguido. El enfrentarse a todo el aparato mediático y político de Soraya y los suyos da sin duda alguna a Casado una legitimidad que muy pocos otros políticos conseguirán en el futuro. Bienvenido sea Casado a la política más sodomizada intelectual y políticamente de Occidente, la española. Aquí el que se sale de los raíles impuestos por la corrección política, es otra forma de llamarle al totalitarismo ideológico, es estigmatizado.

Él ha conseguido salir de la caverna, pero, ay, tiene que regresar para convencer a los que viven en penumbras y arrastrados por el conformismo del todo vale, salvo cuestionar los principios fundamentales de la izquierda comunista, socialista y separatistas. Ahí, en ese terreno embarrado y peligroso, que dicho sea de paso comparten buena parte de sus compañeros de partido, tendrá que lidiar Casado; sin olvidarse, ojo, de que además de ese antro de lo políticamente correcto también existe la genuina izquierda democrática, que tiene todo el derecho del mundo a construir la nación española como el PP de Casado. No pidamos, pues, demasiado. Basta con que aguante para ayudar a regenerar el tejido podrido de la democracia española. Su resistencia será la mejor manera de combatir la basura ideológica que domina los partidos, la prensa y los medios de comunicación. Sí, la corrección política en España, que incluso ya mancha a Ciudadanos, está matando la posibilidad de pensar y actuar, es decir, de crear una gran nación a la que debe servir el Estado. Por eso la voluntad de confrontación, polémica y crítica que trae Casado será el principal acicate para meter en cintura a los secesionistas y poner en su sitio ideológico, o sea, en la izquierda totalitaria, a los nuevos populismos.

Quizá la mayor dificultad que tendrá que enfrentar Casado para construir ese proyecto orteguiano, o sea la nación, sea superar la ideología guerracivilista impuesta por Zapatero y su sucesor socialista en la Moncloa. La Guerra Civil aún no ha sido superada. Acaso por eso José Antonio Primo de Rivera siempre fue contrario a la guerra entre españoles, porque el vencedor, ganara quien ganara, podría levantar un Estado, pero tendría gravísimas dificultades para organizar la Nación. En eso estamos. La superación de las heridas de una guerra civil, seguramente la más dura de la historia de Occidente en el siglo XX, es una de las experiencias más dramáticas de nuestra época. Los españoles que nacimos y vivimos en el franquismo, pasamos la Transición y estos cuarenta años de democracia franquista sabemos bien de lo que hablamos cuando decimos que hay zonas íntimas de esa guerra civil que, lejos de haber sido superadas, han sido alentadas para promocionar políticos de carácter totalitario, es decir, individuos que todo lo permiten, lo relativizan, excepto su corrección política o, lo que es lo mismo, la ideología, en el sentido de engaño, que ha impuesto a la mayoría de la sociedad. Son políticos que llegan al poder y solo gobiernan para la mitad de los españoles, o peor, para sus votantes, y desprecian a los otros, a la nación entera. El caso de Rodríguez Zapatero, impulsor clave del guerracivilismo del siglo XXI, ya es contado en el mundo entero como el ejemplo más extremo y sectario de los políticos de nuestra época.

Pero, por desgracia, Rodríguez Zapatero y los que siguen su ideología no son el origen ni la causa contra las políticas de reconciliación nacional que se sucedieron en el franquismo, la Transición y la democracia, sino la consecuencia del comportamiento de la izquierda en general, y del PSOE en particular, y de la derecha vergonzante, especialmente del PP de Rajoy, a la hora de recuperar una genuina memoria histórica de la Segunda República, la Guerra Civil y el Franquismo. PP y PSOE no estuvieron solos sino muy bien acompañados por la inmoral conducta de ciento de intelectuales que no han querido saber nada de cómo los principales mentores del fascismo español, que evolucionaron durante el régimen de Franco a posiciones liberales y democráticas, fueron también los directores morales y mentores intelectuales de la democracia del 78…

En fin, entre un PSOE prepotente, guerracivilista y podemizado y un PP sodomizado por las campañas de agitación y propaganda de la llamada corrección política tendrá que trabajar Casado. Ojalá tenga suerte y le salga bien su proyecto, pero sepa que para conseguirlo no será suficiente con citar a Ortega y Gasset, sino que también habrá que recordar al inventor de la crítica, de la heterodoxia española, don Marcelino Menéndez Pelayo. El día que Casado nombre al más grande polígrafo de todos los tiempos con el amor que le profesaba su crítico más severo del siglo XX, Juan Goytisolo, creeré que estamos en el buen camino.

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