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Agapito Maestre

¡Ideas para Andalucía!

Dos visiones contrapuestas de la Andalucía de 2022 me interesa sobremanera resaltar para hallar ideas que nos ayuden a vivir.

Dos visiones contrapuestas de la Andalucía de 2022 me interesa sobremanera resaltar para hallar ideas que nos ayuden a vivir.
Carteles electorales en Mairena del Aljarafe, Sevilla. | Cordon Press

Dos visiones contrapuestas de la Andalucía de 2022 me interesa sobremanera resaltar para hallar ideas que nos ayuden a vivir. Es una forma de decir, o sea escribir, para predecir nuestro incierto futuro. Me gusta exagerar, sí, para pensar. Comparemos dos imágenes diferentes y exageradas de Andalucía, porque la inteligencia también procede por comparación. La primera considera que Andalucía, sobre todo si se compara con la Cataluña de los separatistas, es una sociedad abierta y plural. La gente hace proyectos y firma contratos empresariales. Hay emprendedores e iniciativas en todos los sectores de la sociedad. Las personas tienen ilusiones y las materializan con diligencia y alegría. Andalucía desea competir con los mejores. Sería la Andalucía, según el partido ganador, que ha triunfado el 19 de junio.

La segunda imagen de esta comunidad es también realista y, sin duda alguna, celebra los resultados electorales del domingo pasado; pero es algo menos triunfalista, porque pone las cosas en su sitio al recordarnos que el PSOE sólo ha perdido 127.000 votos con respecto al 2018, y, lo que es peor, la televisión más vista en toda Andalucía es Tele 5, quizá la cadena más amarilla, analfabeta y remisa para promocionar los ideales de excelencia de una genuina sociedad civil, acicate y espuela final para que el mesogobierno regional se enfrente a todas las inercias de Andalucía, que al final son las inercias de España.

La primera imagen corresponde a una sociedad abierta y la segunda a una nihilista. Es obvio que todas las fuerzas políticas del nuevo Parlamento de Andalucía dirán retóricamente que ellos representa la primera, pero no dejarán de limpiar y abrillantar el espejo de una sociedad que soportó durante casi cuarenta años un régimen casi dictatorial. La tentación de gobernar en clave populista es siempre muy fuerte para los partidos mayoritarios. Esperemos que el PP no caiga en el error socialista. O sea esperemos que el nuevo Gobierno andaluz, más pronto que tarde, nos ofrezca un detallado programa político sobre los objetivos a desarrollar en la legislatura para terminar con las inercias de una región clave para España. Necesitamos los españoles que los gobernantes del PP de Andalucía, quizá siguiendo el ejemplo de la Comunidad de Madrid, nos expliquen y desarrollen cómo acabar con las inercias de una sociedad subvencionada, igualitaria y mediocre.

Creo que en el programa político de Moreno Bonilla, como en el de las otras formaciones políticas, para las elecciones del domingo no brillaban por su precisión y altura intelectual las grandes propuestas que desean acometer en la nueva legislatura. Las intuiciones ciegas y los conceptos vacíos, por decirlo en términos kantianos, sobresalían sobre las ideas claras y distintas en el terreno de la política y la ideología, de la cultura y la educación. Había poca precisión y muchas generalidades. Tengo la sensación de que los ciudadanos han votado más imágenes que un programa serio y bien fundamentado. Salvo la bajada de impuestos, que es digna de agradecer, y alguna mención relevante a la educación, entre las que ocupa un lugar importante atender a la Formación Profesional, el programa del PP está por desarrollar.

Es menester algo más que la gestión honrada de la Administración, y unas medidas económicas sensatas y equilibradas con las exigencias de la Unión Europea, para acabar con el nihilismo. Se requieren grandes acciones en los terrenos de la educación, la cultura y los medios de comunicación. Ahí se juega el futuro no sólo de Andalucía sino de España. Espero con impaciencia el debate de investidura para que Moreno Bonilla nos ofrezca ese programa de propuestas concretas. Son imprescindibles para acabar definitivamente con el régimen socialista. Los ciudadanos han dicho claramente el 19 de junio que Andalucía puede crear riqueza, por un lado, y han dado puerta, por otro, al rollo ideológico de los socialistas, casi todos hijos del franquismo, sobre su limpieza de sangre democrática; ahora hace falta que la clase política del PP sea capaz de desarrollar los ideales de la sociedad civil andaluza.

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