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La única solución

El PP y Podemos no han permitido que España tenga aún Gobierno. Han despreciado el número y el pacto.

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No hagamos muchos aspavientos, pero digamos la verdad. El sábado pasado por la mañana se escenificó, por si alguien tenía dudas, la solución de España. Girauta y Hernando pusieron nombres a la salida de la crisis: seguimos juntos. Se cumple lo que se firma. El resto es vacío. El PP y Podemos no han permitido que España tenga aún Gobierno. Han despreciado el número y el pacto. Han despreciado lo real. Allá ellos con su irresponsabilidad. La batalla sin embargo de la política, de la democracia, ha sido ganada por Ciudadanos y el PSOE. Dejen, pues, al Rey tranquilo. La cosa está resuelta. Es cuestión de tiempo para que se sustancie jurídicamente. La solución está dada. Nadie busque otra salida. El pacto entre el PSOE y Ciudadanos ha ganado. El resto es perder el tiempo. O Mariano Rajoy convoca elecciones o deja gobernar a Sánchez y Rivera. No hay milagros en política. La semana pasada todo quedó claro. Hubo un triunfador. Apareció un nuevo sistema político. La acción de Ciudadanos ha tenido efectos: el PSOE se ha ciudadanizado y, por supuesto, el liberalismo de Ciudadanos se ha acercado al socialismo.

Nuestro país no puede ni debe vivir de fórmulas políticas de otras naciones. Los destinos políticos colectivos, es decir, los destinos naciones son intransferibles, pero sería absurdo no reconocer que la fórmula de Ciudadanos y Socialistas, con todas sus diferencias, ya ha sido ensayada en otros países con éxito. También en el nuestro podría triunfar. En cualquier caso, todos los análisis políticos, salvo los que confunden el análisis con la ideología, reconocerán que el pacto entre Ciudadanos y el PSOE era serio, muy serio. Era y es la clave determinante de la vida democrática española. Lo he avisado, advertido y argumentado varias veces en estas páginas. Estaba a la vista. El ser es el percibir lo real. Pero Rajoy e Iglesias lo despreciaron. No se lo quisieron creer. Negaban su importancia, o peor, lo ridiculizaban. Confundían sus deseos, como los niños mal criados, con la realidad. Es el peor vicio en el que puede caer un político. Viciosos, muy viciosos, fueron Rajoy e Iglesias en el Congreso de los Diputados la semana pasada. Sí, amigos, a uno le puede gustar más o menos el pacto, incluso puede criticarlo con el dogmatismo de quien confunde la política con la ética de las buenas intenciones, pero negarlo, como lo siguen haciendo Rajoy e Iglesias, refleja no sólo falta de solidez moral sino también escasa capacidad intelectual.

Rajoy e Iglesias actuaron en el debate de investidura como dos niños mimados que cierran los ojos ante lo real. No justificaron su terca actitud. No dieron una sola razón ante lo evidente: el pacto entre Ciudadanos y el PSOE sumaban más votos, en el Congreso de los Diputados, que cualquier otra opción política. Rajoy ganó las elecciones, pero no tiene mayoría en el Parlamento. Por cierto, la estulticia de Iglesias es aún mayor que la de Rajoy, limita el ridículo más espantoso al despreciar la advertencia elemental de Sánchez: "No hay mayoría de izquierdas en la Cámara de los Diputados"; todavía el sábado pasado, en La Sexta, insistía Iglesias en que el PSOE y ellos sumaban más que nadie. Esa declaración rebosaba estulticia por todas partes. Patético.

Rajoy e Iglesias no consiguieron convencer a nadie y menos aún a sus partidarios de que su negativa al pacto, su no abstención, a la investidura de Sánchez no tenía fundamento alguno en la realidad. Al contrario, su cerrazón mental ponía en valor, en realidad, nos llevaba a revalorizar todavía más la importancia de este pacto en la historia reciente de España. Nunca en nuestra breve historia democrática dos partidos políticos, una opción socialdemócrata y otra liberal, han conseguido ponerse de acuerdo para defender, entre otras cosas, lo que nos da vida, sí, la unidad de España. No existe nada más importante en un país que hacer un pacto de Gobierno para dar estabilidad a la Nación. Sin embargo, el PP y Podemos se reían, despreciaban, el asunto como si la cosa no fuera seria, sensata y ajustada a la realidad. Además, lo cual es de traca, esperaban que, después de negarse a aceptar un Gobierno para España, la cosa se resolvería a su favor como por arte de magia. ¡Hablan de empezar de cero! El colmo. No hay, pues, otra alternativa que el Gobierno de PSOE y Ciudadanos. O esto o la aventura de nuevas elecciones que, seguramente, consolidará la opción de Sánchez y Rivera.

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