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Los intérpretes del aquelarre de ETA

El antiguo presidente del Gobierno ha insinuado que, si no se termina con ETA, es por culpa de quienes se oponen a este tipo de “reuniones” convocadas por la propia banda terrorista. Terrible.

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El aquelarre montado por los criminales de ETA en San Sebastián es su principal contribución a la actual campaña electoral. Aunque para muchos ya fuera conocido de antemano, el eslogan surgido de esa reunión es fácil de sintetizar: ETA anuncia, como me apunta la sabia e irónica filósofa de Boronezh, a través de seis "grandes conocedores extranjeros" de la propia ETA, es decir, pagados por los terroristas, que quizá el próximo año decida dejar de matar españoles. Mientras tanto, mientras llega ese día del comunicado final, persiste en seguir su actividad terrorista en un doble frente: por un lado, la vía de la amenaza, la extorsión y el crimen sigue abierta; y, por otro lado, ETA sigue negociando con los socialistas en el poder cómo puede escenificarse su posible abandono de la actividad terrorista.

Las víctimas del terrorismo han contestado con nitidez al comunicado conjunto de ETA y sus colaboradores, entre ellos, naturalmente, se cuentan los asistentes socialistas a esa reunión. No se trata de una guerra, dicen las víctimas del terrorismo que representan a todos los españoles, sino de unos criminales matando españoles por todo el territorio nacional. Creo que es ajustada a la realidad la respuesta. Pero, aparte de la interpretación de las víctimas, es menester resaltar otras dos lecturas de este acontecimiento "político" montado por los terroristas con la ayuda de sus interlocutores en el gobierno de la Nación. Me refiero a las palabras de Felipe González y Mariano Rajoy. El primero ha reaccionado con dogmatismo, mientras que el segundo ha preferido el escepticismo.

En efecto, aparte de valorar positivamente el aquelarre etarra, el antiguo presidente del Gobierno ha insinuado que, si no se termina con ETA, es por culpa de quienes se oponen a este tipo de "reuniones" convocadas por la propia banda terrorista. Terrible. González ha hablado como un hombre dogmático, pero, en mi opinión, no es eso lo peor, sino que sus palabras reflejan la actitud del hombre resentido, sí, de quien es incapaz de contemplar con generosidad la posición de millones de españoles que creen que sólo la vía del Estado de Derecho puede terminar con ETA. González está contribuyendo con sus palabras no sólo a ensuciar la campaña electoral, insinuando que el partido de la oposición contribuye decisivamente a que ETA no desaparezca, sino que trata de elevar a categoría de excelencia un aquelarre inmundo contra el Estado de Derecho y la democracia española.

En estas circunstancias ambiguas y casi dramáticas para el Estado de Derecho, a la que nos han llevado los cambalaches de Rodríguez Zapatero con ETA, avalados ahora en precampaña electoral por González, son dignas de resaltarse las palabras sosegadas y, en cierto modo, escépticas de Rajoy sobre la reunión de San Sebastián. Ha ido al grano al decir: sólo quiero oír el mensaje de que ETA entregue las armas y deje de matar. Punto. Serán muchos quienes interpreten la posición de Rajoy como tibia y, quizá, un poco de pasar de largo. No lo creo así. Rajoy ha actuado con gran responsabilidad política. Prefiero, pues, al escéptico que al dogmático. Es, sí, bueno todo escepticismo que sea capaz de rebajar el nivel de fanatismo introducido por el PSOE en la política española en general, y la "antiterrorista" en particular.

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