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Otra ocasión perdida

Deslegitimadas, pues, las Jefaturas del Estado y del Gobierno nadie espere nada bueno del devenir político de España.

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La diosa Ocasión, pariente de la Fortuna, siempre es pintada calva, o mejor, casi calva. Es una diosa que pocas veces se presenta a los humanos. Es rara y, cuando aparece, muchos se impresionan por la calvicie y no consiguen ver sus tres largos pelos. Al Jefe del Estado Español se le ha vuelto a presentar y, por tercera vez, ha desaprovechado agarrarla por esos tres pelitos para plantarle cara a quienes quieren romper lo que él representa. El Jefe del Estado de España no ha ejercido sus funciones correctamente. El Jefe del Estado le ha dado la mano a quien pretende matar el ser de todos los españoles, el Estado-nación, España. Resulta absolutamente extraño, casi esperpéntico, que el Rey Felipe VI, el Jefe del Estado de España, reciba en visita oficial a un golpista, Artur Mas, que el día de antes había presentado, junto a otros golpistas, un plan detallado para romper en seis meses España. Y es aún más perverso, un desprecio a todos los españoles, que el golpista saliese libremente de las instalaciones de la Jefatura del Estado; cualquiera con un poco de realismo político (sic), es obvio que no es el caso del Monarca, entregado ya por completo al oportunismo "político" más ful, habría aprovechado la ocasión para encarcelar y, posteriormente, juzgar al golpista.

Pase que Felipe VI diera un discurso a la nación española, sin apenas presencia de la bandera de España en su famosa alocución televisiva a los españoles del 24 de diciembre de 2014. Pase que Felipe VI actuara de chófer del presidente de la Comunidad Autónoma de Cataluña en una visita al Salón del Automóvil de Barcelona. Pase que permaneciera en el palco del Nou Camp mientras pitaban cientos de miles de energúmenos el himno de España. Pero que recibiera a un secesionista, a alguien que el día de antes había presentado un plan detallado, preciso y público para declarar la independencia de Cataluña de España, no tiene un pase. Las palabras son actos. ¿Cómo debería haber actuado el Jefe del Estado? De acuerdo con las leyes, tendría que haber avisado a la Jefatura del Gobierno, al poder Ejecutivo, dando cumplida explicación de que un Jefe de Estado no puede recibir a quien quiere matar el Estado. En segundo lugar, debería haber instado a la Jefatura del Gobierno a que actuara en consecuencia, o sea, inhabilitara al responsable de la organización de un golpe de Estado. En tercer lugar, el Jefe del Estado tiene el deber, como cualquier ciudadano de España, de apelar al artículo 155 de la Constitución española de 1978 para que el gobierno de España estudiara la aplicación a la Comunidad Autónoma de Cataluña.

Si el Rey Felipe VI no lo ha hecho, yo en nombre de la nación española, es decir, de la institución que me da identidad ciudadana, apelo a ese artículo y exijo al Gobierno de España que ejerza acciones legales sobre los golpistas catalanes aplicando el citado artículo 155 de la Constitución que dice: "Si una Comunidad Autónoma no cumpliera con sus obligaciones que la Constitución u otras leyes le impongan, o actuare de forma que atente gravemente al interés general de España, el Gobierno, previo requerimiento al Presidente de la Comunidad Autónoma y, en el caso de no ser atendido con la aprobación por mayoría absoluta del Senado, podrá adoptar las medidas necesarias para obligar a aquélla al cumplimiento forzoso de dichas obligaciones o para la protección del mencionado interés general."

La legitimidad de las instituciones españolas se ha puesto en cuestión, una vez más, por la recepción del Jefe del Estado de un secesionista, un golpista, alguien que mantiene que romperá la nación española. Obviamente la primera institución cuestionada es la Jefatura del Estado, porque ha recibido, seguramente para no hablar de nada, al personaje que ha diseñado y hecho público un plan para sacrificar mi ciudadanía española. La segunda institución que sufre deslegitimación de ejercicio es la Jefatura del Gobierno, que ha tenido que dar, sin duda alguna, el plácet a la Jefatura del Estado para que reciba al golpista e imputado, desde hace meses, por un proceso de deslealtad constitucional. Deslegitimadas, pues, las Jefaturas del Estado y del Gobierno nadie espere nada bueno del devenir político de España.

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