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La barbarie lingüística de Zapatero

Mantener que la verdadera semilla del español está en las palabras "amigo" o "paz" significa la negación de la esencia de nuestra lengua o de cualquier otra, a saber, la posibilidad de comunicar lo negativo de la realidad.

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La "defensa" de la lengua española que ha hecho Zapatero, en China, revela algo peor que cinismo. La metáfora es siempre terrible, casi una impostura permanente, utilizada por un bárbaro que desconoce por completo que una lengua es antes que nada comunicación... Sí, sí, comunicación de todo, de lo malo y de lo bueno, de lo absurdo y de lo cuerdo, del bien y del mal... Una lengua que sólo pudiese expresar el lado afirmativo del mundo no sería una lengua de comunicación, toda vez que ocultaría su parte negativa, sino un instrumento de manipulación. Cuando Zapatero dice en términos metafóricos que quien aprende a decir amigo o paz ya conoce la semilla del español, está engañando a los chinos y a los españoles. Estamos ante un gran impostor; más aún, cuando las palabras se desvían de su genuino sentido, como decía Kraus, comienza a reinar por todas partes la impostura.

La descomposición moral de una sociedad tiene su mejor reflejo en la negación de su lenguaje. Zapatero es, entre todos los políticos occidentales, el gobernante que ha hecho del cuestionamiento de la terminología negativa de la lengua española su principal "política". La ocultación de las palabras "feas" ha sido el principal instrumento del socialismo para ocultar la realidad. Todo ha sido una farsa lingüística. Todo es aún una falsificación del lenguaje. Del mismo modo que no quiso nunca pronunciar la palabra crisis para ocultar la crisis real, también ahora, con una desfachatez propia de los lenguajes totalitarios, dice que nuestra lengua no tiene las palabras "enemigo" o "guerra". ¡Cuánto analfabetismo!

Mantener que la verdadera semilla del español está en las palabras "amigo" o "paz" significa la negación de la esencia de nuestra lengua o de cualquier otra, a saber, la posibilidad de comunicar lo negativo de la realidad. Por eso, precisamente, digo que grave es que Zapatero defienda en China lo que no es capaz de defender en España; cobarde es, en verdad, que Zapatero intente defender en China lo que no se atreve a garantizar a los niños españoles en Cataluña, País Vasco, Galicia, Comunidad de Valencia y las Islas Baleares, a saber, educarse en la lengua oficial del Estado, el castellano o español. Pero es aún peor, muchísimo peor que esa cobardía, la amputación que hace de una lengua, como el español, al reducirla a su mera terminología positiva.

Zapatero ha llevado hasta sus últimas consecuencias las tesis mostrencas que un día le aconsejó Geoge Leakoff: "El político tiene que hablar siempre en metáforas con palabras de significado positivo". Se trata de ocultar lo real, las cosas tal y como son, por encima de cualquier otra consideración política o moral, a través de la ocultación de las palabras que expresan lo negativo de la realidad. Esta visión absurda del lenguaje sigue siendo la base de la política autoritaria de Zapatero. Por este camino de mutilación lingüística, Zapatero ha intentado que no podamos ni nombrar esas realidades terribles que responden a los vocablos, también españoles, terroristas y víctimas. Fue y es una de las bases de su negociación con ETA: la negación de la víctima implica la ocultación del terrorista

En fin, porque a un político demócrata hay que exigirle que exprese con propiedad las cosas, me rebelo ante el discurso "metafórico" y manipulador de Zapatero cuyo único objetivo es dejar de creer en las palabras que empleamos. He ahí, insisto, la raíz de la muerte del valor moral de la democracia española.

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