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Amando de Miguel

A cada puerco le llega su San Martín

La salida más probable es que se forme un Gobierno sedicentemente 'progresista'. Sería un resultado insoportable para una gran parte de los españoles.

Amando de Miguel
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La salida más probable es que se forme un Gobierno sedicentemente 'progresista'. Sería un resultado insoportable para una gran parte de los españoles.
EFE

Apelo a la sabiduría popular que acuñó ese refrán campesino para indicar una cierta querencia fatalista, tan del gusto español. Esta vez el San Martín (11 de noviembre) ha sido histórico al levantarse los españoles con el resultado de las elecciones. Reconozco mi error al haber anticipado hace un mes que la participación electoral iba a ser alta. Ha descendido un poco respecto a los anteriores comicios, pero sigue siendo elevada para las costumbres europeas.

El lindo presidente Sánchez forzó estas segundas elecciones precisamente porque en las anteriores no pudo conseguir la mayoría absoluta. Ahora se sentía más confiado en alcanzarla, o por lo menos llegar a los 150 escaños que le prometía el CIS adulador. Ha hecho todo lo posible para tal fin desde la posición ventajosa de presidente en funciones, por ejemplo, con la utilización pro domo sua de la Televisión de España. Su victoria ha sido una bancada de solo 120 escaños. Nuevamente se hace difícil, si no imposible, formar un Gobierno estable. Al menos son dos los errores que ha cometido: desenterrar a Franco (¡a quién se le ocurre!) y tratar con muy poca gracia el llamado "problema catalán". El heredero del secular socialismo español ha pretendido pasar a la Historia como el defensor de una España como nación de naciones. Se ha topado con los peseteros (que se decía antes) de los nacionalistas vascos y los independentistas catalanes. Es decir, se le rebelan los mismos que tendrían que haberle apoyado para conseguir la ansiada corona de presidente del Gobierno con plenas funciones. El desentierro de Franco y el mal resuelto problema catalán han favorecido el ascenso en los votos de Vox, la verdadera derecha. Ese ha sido el hecho más espectacular de estas elecciones.

Otra mala jugada de la coyuntura internacional para el doctor Sánchez (candidato al Premio Nobel de Economía) es que le ha estallado en las manos la crisis económica. Ni siquiera se habló de ella en el debate al más alto nivel de los cinco partidos nacionales en TVE; por cierto, el único que ha sido permitido. Es la mejor demostración de lo dañina que puede ser la política del avestruz, es decir, esconder la cabeza ante el peligro inminente. Para seguir con las metáforas zoológicas: estas elecciones han sido el canto del cisne (otra leyenda imaginaria) del socialismo obrero español. La paradoja es que el equivalente actual de los obreros, la sufrida clase media, es el estrato más necesitado de patria. De ahí el auge electoral de Vox, el único partido que en sus mítines se atreve a ondear con ganas la bandera nacional y hacer sonar el himno de España. No es que los de Vox sean xenófobos, sino que son hispanófilos.

En términos aritméticos, el PSOE (gracias a sus acólitos, los Socialistas Catalanes) ha obtenido más votos que ningún otro partido. Pero es porque el abanico de opciones se ha visto más desplegado que nunca. El Congreso es un patchwork (un "centón" se decía en buen castellano). Además, los escaños del PSOE son tres menos de los que tenía antes de las elecciones, a pesar de que el CIS le daba muchos más. Así pues, se trata de una victoria pírrica, sobre todo si consideramos la diferencia entre lo esperado y lo conseguido. No se olvide que el lindo Sánchez forzó estas elecciones porque no había podido alcanzar la mayoría absoluta en la anterior convocatoria, hace poco más de medio año. Es lo que pasa por fiarse del oráculo del CIS, en este caso el más incompetente de los arúspices y el que más caro sale a los contribuyentes.

Al menos, al apolíneo Sánchez le queda un triunfo moral: ser el auténtico líder del feminismo, el paladín de la memoria histórica, el campeón del Estado de las Autonomías. En realidad, el feminismo representa la supremacía de las mujeres y, por tanto, la eclosión de un nuevo tipo de desigualdad, la que se abre entre los sexos. (El puritanismo importado obliga a decir "géneros"). La memoria histórica es más bien la venganza histórica, que consiste en consiste en resucitar el fatídico enfrentamiento de los españoles que condujo a la incivilizada guerra civil. Otra paradoja es que el Estado de las Autonomías, tan celebrado en sus orígenes, ha degenerado en una sentina de corrupción, un experimento carísimo y otra división de los españoles.

Todavía se podría acoger el caballerito Sánchez a ser el conductor de la lucha antifascista, si es que se puede admitir tal prepóstera expresión. Porque el verdadero totalitarismo es hoy la componenda mal avenida entre los socialistas y los que todavía levantan el brazo con el puño cerrado.

El gran resultado cualitativo de estos comicios es que Vox ha pasado de ser el proscrito al líder moral de la oposición. Ha sido así porque Vox se ha atrevido a enfrentarse a los "poderes fácticos" (que antes se decía). Los componen hoy el grupo de El País, los separatistas vascos y catalanes, la ideología de género, la memoria histórica y la degradación de las autonomías. No ahora, claro, pero en la próxima legislatura veremos a Santiago Abascal como presidente del Gobierno.

La conclusión más pesarosa de estos comicios es que España aparece políticamente más polarizada, más ingobernable. Nótese que en el Congreso se sientan políticos de una veintena de partidos. Además, entre sus dirigentes domina el resentimiento, el odio.

El Gobierno ideal para mucha gente sería una coalición entre el PSOE y el PP, algo así como la que ha funcionado en Alemania tantos años. El problema es que en España no hay muchos alemanes con derecho a voto. Así pues, esa solución ideal resulta inviable, imposible. (Ahora, en la tierra de los eufemismos se dice "complicada").

La salida más probable es que se forme un Gobierno sedicentemente progresista: la amalgama del PSOE con Unidas Podemos y los partidos separatistas o regionalistas. Sería un resultado insoportable para una gran parte de los españoles. Aun investido el Gobierno de ese modo, le sería difícil aprobar algunas leyes en el Congreso y el Senado. Se va a acordar el doctor Sánchez de San Martín.

Lo único que puede contribuir a la pacificación del país es que el juego político importa bastante poco a la generalidad de los españoles. El juego que de verdad les interesa es el fútbol, más las loterías y apuestas.

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