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Amando de Miguel

De las epidemias líbranos, Señor

El Gobierno ha manipulado y falsificado sistemáticamente la estadística de contagiados y fallecidos. Quizá por eso se ha negado a representar una ceremonia de luto oficial.

Amando de Miguel
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Me maravilla el hecho de que, en ciertos aspectos, España se encuentre destacada con relación a otros países del mundo. Por ejemplo, se sitúa en la cabeza del grupo de países con máxima esperanza de vida, aunque mejor sería decir ‘expectativa de supervivencia’. Lo de esperanza de vida me parece un abuso poético de la estadística. Hemos llegado a creer que esa ventaja se debe a que contamos con el sistema sanitario mejor del mundo. Paparruchas.

Ahora me fascina el dato contradictorio de que España sea el país del mundo que aventaja a todos por la tasa de fallecidos por la epidemia del virus chino. Naturalmente, el cálculo se hace en términos relativos al número de habitantes. Es una triste ventaja. La cual sería aún más destacada si calculáramos bien el numerador (el número de fallecidos por la epidemia). La gran sorpresa ha sido que el Gobierno ha manipulado y falsificado sistemáticamente la estadística de contagiados y fallecidos. Quizá por eso se ha negado a representar una ceremonia de luto oficial, de duelo nacional, por la sangría de las víctimas mortales. Seguramente esperará a que los fallecidos sumen cien mil. ¿Seguiremos entonces con las estudiadas ceremonias de aplausos en los balcones?

La ocultación de las cifras referidas a la epidemia recuerda lo que solía hacerse en las guerras, cuando el Gobierno respectivo trataba de minimizar las bajas propias para magnificar las del enemigo. Otra correlación con el ambiente bélico es que en las guerras el Gobierno despliega un enorme esfuerzo en propaganda de todo tipo, de censura de las noticias. En eso estamos ahora. Encima, la población se encuentra confinada en sus domicilios, refugiada de un posible ataque de la aviación enemiga. En este caso, las bombas son los minúsculos virus.

No es ningún consuelo que en China su Gobierno totalitario haya ocultado todo lo posible la información sobre el condenado virus y el número de víctimas mortales. Pero que un Gobierno democrático como el nuestro haya caído en tal grosera manipulación estadística debe ser considerado un verdadero crimen. Es más, lo verdaderamente doliente es que el Gobierno español ha desatendido a los internos de las residencias de ancianos, sobre los que se ha cebado la epidemia. Estamos ante el equivalente moral de un genocidio. En efecto, se ha dejado a morir a los viejos por serlo, como en su día se pudo hacer con los judíos y otras minorías. El paradójico consuelo es que el Fisco se ha ahorrado un buen monto de gasto en pensiones.

Es irremediable la duda. Si el Gobierno falsifica los datos de la epidemia, ¿no hará lo mismo con las estadísticas sobre el paro, la violencia doméstica, el déficit público u otros muchos aspectos del vivir colectivo?

Hay razones para la sospecha. Cuidado que era fácil que, en un par de meses, la industria nacional hubiera provisto a los españoles de mascarillas y otros artefactos de prevención sanitaria. Pues ha sido imposible. Ha sido algo así como si se tratara de las drogas alucinógenas. No ha funcionado un mercado libre, sino intervenido hasta el máximo por el Gobierno, de nuevo, como si esto fuera una guerra.

Hay una circunstancia estructural que ha contribuido al caos de la lucha contra la epidemia en España. El sistema que tenemos del ‘Estado de las Autonomías' ha demostrado su ineficiencia en muchos aspectos, pero ha sido perfectamente inútil en esta lucha contra el virus chino.

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