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Amando de Miguel

El conocimiento sobre la sociedad española contemporánea

Debería plantearse un objetivo nacional: el conocimiento detallado de la sociedad española contemporánea.

Debería plantearse un objetivo nacional: el conocimiento detallado de la sociedad española contemporánea, entre otras muchas actividades de estudio e investigación, hoy tan descuidadas. La fecha para considerar la etapa "contemporánea" podría ser la del último siglo. O también, se podría extender hasta la Restauración canovista de 1876. Naturalmente, los estudiosos y los historiadores deben entender, también, los periodos anteriores. Empero, lo "contemporáneo" es el modo más completo para dar sentido a la actualidad, los tiempos que corren, los problemas que nos acucian.

He dedicado toda mi vida adulta a observar, con machaconería, los rasgos de la sociedad española contemporánea. Sobre el particular, he publicado más de un centenar de libros y miles de piezas menores (artículos, conferencias, capítulos de libros colectivos, etc.). Se podrían añadir algunos libros inéditos. Ha sido el material imprescindible para mis clases en la Universidad. Distribuyo esos materiales en 17 epígrafes: 1) Biografías. 2) Novelas. 3) Ensayos. 4) Estructura económica. 5) Estructura política. 6) Opinión pública (encuestas). 7)Estructura social. 8) Estructura espacial (población, ciudades, regiones). 9)Comentarios periodísticos. 10) Vida cotidiana. 11) Educación, Universidad, profesiones. 12)Lenguaje. 13) Intelectuales. 14) Sanidad. 15) Jóvenes. 16) Tráfico automóvil. 17) Religión. El orden de los capítulos es, puramente, aleatorio. Una sociedad es muchas cosas a la vez; pero, en cada momento, solo, se puede emprender una actividad concreta. No me ha cundido el tiempo para más.

Mi propuesta es que, en los cursos universitarios de posgrado, organizados por áreas (más que por asignaturas), deberían desarrollarse los 17 epígrafes citados y, seguramente, otros más. Después de todo, una sola persona no puede analizar más que algunos aspectos parciales. El plan quiere decir la instalación de algunas bibliotecas especializadas para recoger los materiales publicados y las fuentes de datos más relevantes: por ejemplo, las innumerables estadísticas. A su vez, esa labor de recopilación sería el estímulo para ir rellenando los huecos que se vayan descubriendo, al desarrollar tesis doctorales y otras investigaciones. Un beneficio colateral sería el de satisfacer la curiosidad de muchos lectores, universitarios o no.

Aunque pueda parecer extraño, una propuesta como la que indico (y admite muchas variaciones), no existe en España al alcance de los estudiantes, investigadores, profesores o, simplemente, apetentes de cultura. Con gusto cedería yo los materiales y fuentes de que dispongo para que se pudiera montar, en cualquier parte de España, una biblioteca especializada y dinámica, como la que digo. No sería difícil que colaboraran otros profesores, escritores o entidades.

Son infinitos los campos de las ciencias humanas en los que habría que desarrollar una labor investigadora. Me detengo en el objeto citado porque es el que me resulta más familiar. Habrá lugar para iniciativas complementarias. El árbol del conocimiento es frondosísimo.

Comprendo que es la nostalgia del viejo profesor lo que me ha llevado a pergeñar la iniciativa descrita a grandes rasgos. Es, pues, una mirada subjetiva y particular la que, aquí, expongo. Por mucho que haya otros objetivos desatendidos en la vida pública española, este del avance del conocimiento en el campo indicado es uno de los más interesantes. Hay recursos muy dispersos que tendrían que organizarse bien. España es, ya, un país rico, al menos en términos comparativos con el conjunto mundial. Por desgracia, el menester del avance en las ciencias humanas sufre un abandono secular. Es hora de ponerse a trabajar. Parecerá raro que lo diga un jubilado, pero, cosas más extrañas se han visto.

Lo anterior es, solo, un ejemplo parcialísimo de una cuestión mucho más vasta. A saber, es necesario acabar con la inercia histórica que nos ha llevado a los españoles, de tantos siglos, a menospreciar las actividades de la inteligencia. Es algo más que la ciencia (por cierto, rebajada, ahora a "tecnología"). No vale la añagaza de que el interés por las observaciones y los números era cosa de la casta judía. Ya no existe tal discriminación, pero continúa el desprecio por la dedicación a las tareas científicas. Son las clases directoras todas las que, desde hace siglos, han orillado lo concerniente al acopio de datos y observaciones sistemáticas sobre la realidad física o humana. En definitiva, continúa, para nuestra vergüenza colectiva, el desprecio por el conocimiento. A rebelarse tocan.

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