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Amando de Miguel

Eliminar los últimos restos del franquismo

Amando de Miguel
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La oportunidad electoral de que en España gobierne el PSOE nos condujo a un gesto esperado: el Gobierno va a decidir la eliminación de los últimos restos del franquismo, que no son pocos. No es solo que se ultimen los vergonzantes trámites para exhumar la momia de Franco. Claro que habrá que tirarla al mar, si no se quiere que la nueva sepultura sea objeto de celebración por los nostálgicos del Caudillo, que no son pocos.

Hay muchos más símbolos franquistas que se podrían erradicar. Por ejemplo, por un extraño capricho de Franco, el horario que se mantiene en la mayor parte de España no es el que le corresponde según el meridiano, sino una hora más. Franco lo decidió así para que tuviéramos la misma hora que Berlín y no la de Londres (que es la que geográficamente nos corresponde). Al Gobierno actual se le presenta una ocasión de oro para lucirse con volver al horario natural.

Hay más. Una práctica típica del franquismo fue la de subsidiar a sindicatos y patronales. Aunque parezca mentira, continúa vigente. No estaría mal que se eliminaran tales subvenciones paternalistas.

Típico del franquismo, por imitación del fascismo italiano, fue el INI (Instituto Nacional de Industria), una corporación pública de grandes empresas. En su día desapareció como tal, pero con el tiempo se ha ido levantando una espesa trama de empresas públicas, dependientes sobre todo de las llamadas comunidades autónomas. Sería una buena decisión la de privatizar la mayor parte de tales empresas públicas, muchas de las cuales son poco rentables o simplemente pretextos para hacer favores a sus dirigentes. Clientelismo se llama esa figura. Al menos se podría privatizar la Radiotelevisión Española, que fue una iniciativa de Franco y todavía subsiste, ahora agigantada y con epígonos en las televisiones llamadas autonómicas. Radio Nacional de España empezó como un regalo de Hitler a Franco en 1937. Con el tiempo, RTVE acabó siendo el más formidable medio de propaganda a favor del Gobierno. Añádase la propina de la Agencia EFE (la inicial de Franco y de Falange), otra reliquia totalitaria.

Más va a doler la eliminación de las pagas extras de Navidades y verano (en su origen, del "18 de julio", por el aniversario del alzamiento franquista). Fue un artificio establecido por el régimen como un mecanismo de ahorro forzoso de los trabajadores en favor de las empresas. Realmente consiste en diferir una parte del sueldo mensual para ser cobrado seis meses después, naturalmente sin intereses. Parece mentira que todavía se conserve tal desafuero, por no decir estafa. Desde luego, es incompatible con la economía de mercado y con un sistema democrático.

Otro capricho de Franco fue el de las "viviendas protegidas". Sería del todo aconsejable acabar con esa otra lacra paternalista, por mucho que le guste a las de Unidas Podemos.

Una de las "obras predilectas del régimen" franquista fue el trasvase Tajo-Segura, por mucho que lo ideara la República. El Gobierno de Zapatero lo clausuró, aunque subsista en parte de forma vergonzante. Esperemos que el Gobierno actual entierre definitivamente esa obra faraónica, para borrar del mapa otro recuerdo de la ominosa dictadura. Ya de paso, no estaría mal que se dinamitaran algunas presas (o pantanos, según la terminología franquista) para recobrar las tierras inundadas y respetar las proclamas ecologistas. Estoy seguro de que algo así está ya en los planes del Ministerio de Fomento, Gobierno de España.

Una de las instituciones más execrables del régimen franquista fue el llamado estraperlo. Ha continuado, con una notable ampliación de la escala, en lo que se llama corrupción. Esperemos que el nuevo Gobierno acabe definitivamente con esta otra lacra. Debe empezar por combatir la práctica del amiguismo y del nepotismo en la provisión de altos cargos.

Todo el mundo de alguna edad recuerda que a Franco se le llenaba la boca con lo de la justicia social. Era una forma de paternalismo. Por desgracia, es una muletilla que ahora repite mucho el doctor Sánchez. Se añade la de los viernes sociales con el mismo tufillo clerical. ¿No sería mucho pedir que por ese lado el doctor Sánchez dejara de imitar al caudillo Franco?

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