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El catalanismo de baja intensidad de Arrimadas

El triunfo del nacionalismo es la manipulación del lenguaje. Esto es lo que no ha entendido la líder de C’s en Cataluña.

Antonio Robles
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El triunfo del nacionalismo es la manipulación del lenguaje. Esto es lo que no ha entendido la líder de C’s en Cataluña, Inés Arrimadas, a juzgar por su temeridad asumiéndolo. El triunfo del nacionalismo es haber creado un marco mental donde ha encarcelado cualquier forma de participación política. Fuera de él, eres un enemigo de Cataluña. Seas catalán de cuatro generaciones o nouvingut. Y para romper esos barrotes, para salirse de ese espacio común identitario, nació C’s. Eso es lo que desconoce o no ha entendido Arrimadas. O quizás haya empezado a abandonar C’s.

En su intervención en el Fórum Europa, Tribuna Cataluña lo ha dejado en evidencia. Nítidamente en evidencia, a pesar de rodearlo de buenas intenciones e inmejorable educación. Pero tales virtudes no pueden ocultar navajadas tan despiadadas a la resistencia transversal contra el nacionalismo de dentro y de fuera de C’s. Veamos.

Abrumada ante la demostración de fuerza del Once de Septiembre, asume el discurso nacionalista alertando a España del poder invencible de la calle y asegura, segura de haber dado con la solución: "No solucionaremos el problema que tenemos con Cataluña apelando solo a la ley. Se ha de hacer política". La Vanguardia cogió el regalo al vuelo: "Arrimadas urge una solución política ante la multitudinaria manifestación de la Diada". O sea, la matraca que viene exigiendo el nacionalismo para soslayar el incumplimiento de la ley. El mismo mantra que utilizó ETA y utilizan ahora sus herederos políticos en el País Vasco. De ahí el recurso obsceno a los "presos políticos", de ahí la legitimación política de los fines de ETA y del blanqueo de sus métodos. El propio Carles Puigdemont lo advertía un día antes de la Diada: "Es el momento de que la clase política española se dé cuenta de que sin Cataluña no se puede gobernar España y de que la solución de la demanda catalana es política y no judicial". ¿Qué diferencia hay entre esta bravuconada y la sal gorda que le hacía Inés un día después de la Diada?: "Ayer salió a la calle mucha gente. Es verdad que menos que en otros años (…) Es mucha gente y muy movilizada. Y esta situación requiere de una solución (…), sobre todo del Gobierno de España, que piensa que eso pasará, que eso no es importante, que eso es un grupito de personas; pero yo soy consciente de que eso requiere soluciones, y soluciones también políticas". Ni Durán i Lleida lo haría mejor.

No hay día en que Homs, Puigdemont, Junqueras, Más o cualquier otro representante del golpismo institucional se olviden de recordar la fuerza que tienen y la solución política como único camino para zanjar el conflicto España-Cataluña. Inés ha caído con todo el equipo en el panel de rica miel del lenguaje catalanista y, sin apreciarlo, ha negado la primera labor de C´s: librarnos del lenguaje nacionalista, o sea, de la realidad excluyente donde han construido su identidad predemocrática. ¿De qué "solución política" podríamos hablar con Tejero en pleno asalto al Congreso? Podríamos negociar una salida al chantaje, como se negocia un secuestro, pero no hacer política con él.

Lo de hablar de política, siempre y en todo momento, ha de hacerse en el marco democrático de la ley, con los que lo respetan.

¿Cómo que "la ley no es suficiente"? ¿Pero es que la política legítima es diferente a la ley democrática? ¿Es que se puede vivir en democracia saltándose el marco legal que la hace posible? ¿No se da cuenta la líder de C´s de que todo el procés es un retorno al Antiguo Régimen, donde ninguna ley limitaba el poder absoluto del monarca? ¿No se da cuenta de que cuando exigen soluciones políticas es que quieren ventajas que la ley les niega? ¿No se da cuenta de que todo el proceso nacionalista es una jerarquía de escalones hacia la independencia, precedidos siempre de una "solución política"? ¿Qué fue si no la reforma del Estatuto? Una solución política para encajar una vez más a Cataluña en España. Eso decían, pero antes lo fue la inmersión para normalizar la lengua catalana, aunque en realidad fuera para excluir la española; después, la transferencia de mayores competencias; después, la cesión de un tramo del IRPF, más tarde otro y otro y otro; mucho antes, la creación de los Mozos de Escuadra, para pedir a la primera debilidad del Gobierno nacional la sustitución del Cuerpo Nacional de Policía y la Guardia Civil, con la intención de erradicarlos de Cataluña; más tarde, la eliminación del Servicio Militar… y todas y cada una de las cesiones en nombre de la negociación política. Pero al menos estaban dentro de la ley. Ahora no, ahora hay una rebelión contra el sistema democrático y la soberanía nacional.

Inés es joven y, en términos temporales, acaba de llegar a Cataluña. Lo cual no debería ser impedimento para saber que "el problema con Cataluña" no empezó cuando ella llegó: "Eso [el problema catalán] no es nuevo", nos asegura con afán didáctico; "Cataluña lleva empecinada en un debate político sobre la independencia desde el año 2010". ¿Así que desde 2010?

Quizá este sea el problema, que Inés no conoce las raíces del problema, ni su historia. Y es que hay cosas que hay que haberlas vivido y sufrido para tomar conciencia de su dimensión. Sigo a K. Marx: "La conciencia no determina el ser de las cosas, es el ser de las cosas el que determina la conciencia". O al menos en gran parte. La construcción nacional no empezó ayer por la tarde, o en el 2010 –como dice Inés–; ya en las primeras manifestaciones del 11 de Septiembre los convergentes susurraban socarrones: "Hoy, paciencia; mañana, independencia". Los colaboradores entregados a las urnas por el derecho a decidir sólo son marionetas que el destino diseñado por Pujol ha movilizado ahora, ahora que las primeras generaciones modeladas por TV3 y la inmersión han comenzado a salir del cascarón.

Inés confunde hacer política de centro con equidistancia entre dos extremos malos, falsamente iguales. Es la misma letanía peneuvista cada vez que ponía a ETA en un extremo y al Gobierno de España en otro (fuera este del PSOE o del PP). Ellos, los nacionalistas del PNV, se reservaban el centro, la sensatez, el diálogo, la paz. Reparen en las palabras de la líder de C's:

La solución de este bloqueo político en Cataluña y en el resto de España no va a venir de los extremos, sino de la centralidad política (…) y no va a venir de declaraciones del Gobierno de España o del Gobierno de la Generalidad, va a venir de horas de diálogo y de negociación (…) Desde los extremos se hace muy difícil llegar a acuerdos.

Arrimadas repite el discurso nacionalista sin siquiera darse cuenta. O sí. Además de jugar a la ruleta rusa con la abducción, es un profundo error. Por dos causas, porque se instala en el lenguaje nacionalista y porque neutraliza desde dentro lo mejor de C´s, ser el único partido político vivo hoy contra ese marco mental. Lo decía con exactitud Dolça Catalunya a propósito de su intervención:

¿"Extremos"? ¿Los que se oponen a la secesión son "extremos", Inés? ¿Y C’s es el centro entre los radicales separatistas y los "radicales" que no negocian con la ruptura de la convivencia?

Vaya, ahora resulta que quienes fundaron Ciudadanos son un extremo.

Sin apenas darse cuenta, ha caído en esa sumisión transparente al catalanismo para ganarse su afecto. Con las genuflexiones obligadas. Algunas, llegadas del compañero de partido que la precedió en la tribuna, Toni Roldán, recordando al auditorio en catalán que Inés hablaba mejor catalán que él a pesar de haber nacido en Cataluña. Le faltó recordar que era del Barça. Ella completó el recurso a la seducción lamentándose de que hay quien no considera catalán a C´s, para inmediatamente enfatizar la sumisión debidamente dramatizada:

Puigdemont es muy independentista, y eso es muy respetable, ¡mucho!, ¡muchísimo! Todos conocemos a personas que lo son y es absolutamente respetable.

Pareciera que el énfasis le otorgaba mayor pátina democrática y el salvoconducto definitivo para ser acogida sin recelos. ¡Ay, esa pleitesía ante la sacralizada Cataluña!

Pues no, Sra. Inés, podrá ser democrático defender la independencia, pero la aspiración independentista no es nada respetable, al contrario, es la plasmación de una insultante superioridad moral respecto al resto de ciudadanos con nacimiento equivocado y renta per cápita inferior a la del Sr. Puigdemont. Y eso es lo que no entiende, Sra. Inés. Este es el gran problema de las grandes miserias humanas que friccionan con la política. Como el terrorismo. Su ruido, su radicalismo, su inhumanidad, hace falsamente buenas las sombras políticas que toma como disculpas para sus fechorías. Y son esas sombras políticas, precisamente, lo menos respetable. Como es el caso de la independencia, aunque se defienda democráticamente. Aquel será vencido. Inevitablemente. Pero ésta es la alternativa de una casta nacionalista que se ha apropiado de la soberanía de buena parte de la sociedad catalana, y de toda la ciudadanía española, oculta tras sedas y oasis.

El independentismo es la culminación del egoísmo individual disculpado por el grupo. Pero egoísmo, al fin y al cabo. Los siglos XIX y XX son testigos de su capacidad para sembrar exclusión, odio y horror. No creo que Inés estuviera muy dispuesta a decir lo mismo si un proyecto político defendiera la expulsión de los inmigrantes, recluir a las mujeres en las tareas del hogar o prohibir el uso de la lengua mayoritaria de una población en la escuela. A priori, la ley y la libertad de expresión no impiden que proyectos políticos así puedan ser defendibles. Pero, por muy legales que fueran, seguirían siendo poco respetables porque surgen de los peores prejuicios del ser humano. Al fin y al cabo, las ideas están para debatirlas, apoyarlas, combatirlas; las personas, para respetarlas. Se puede respetar a las personas independentistas, pero el independentismo no es respetable. ¿Por qué entonces hace Inés Arrimadas tanto énfasis en su respetabilidad, si C’s nació para poner en evidencia lo contrario?

Volvemos al principio. A cuando dice: "No solucionaremos el problema que tenemos con Cataluña apelando solo a la ley. Se ha de hacer política". Reparen en la proposición de compañía con, en lugar de la de ubicación en. Personifica el problema, en lugar de ubicarlo. Pequeños rasgos de haber interiorizado de forma inconsciente el supremacismo lingüístico y el acoso moral del catalanismo. ¿El Síndrome de Catalunya ha entrado en la dirección de C´s? ¿Qué está pasando en un partido que tan claro lo tenía desde su fundación?

Y, por supuesto, una vez más, ni palabra de la exclusión lingüística en las escuelas, ni un mísero recuerdo a los padres satanizados socialmente por atreverse a rebelarse contra el abuso, ni denuncia alguna de las multas lingüísticas que no cesan, ni una mera referencia a las agresiones contra personas por el mero hecho de defender la bandera constitucional o difundir las hazañas de la selección española en la calle. Inmersión es ya la palabra innombrable, el nuevo tabú. Están en la gran política, estas cuestiones menores les deben de quedar ya pequeñas. Como si no pasara nada. Vuelta al oasis. El paraíso para el independentismo, que dicen combatir.

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