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España es la solución

¿Desde cuándo la izquierda se dedica a apuntalar a las burguesías territoriales en nombre de la plurinacionalidad y en contra de la igualdad y la justicia social?

Antonio Robles
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España no es el problema, es la solución. Ahora que el populismo de izquierdas ha caído de bruces en la alienación nacionalista, es preciso pararse un instante a pensar en el disparate ideológico.

¿Desde cuándo la izquierda se dedica a apuntalar a las burguesías territoriales en nombre de la plurinacionalidad y en contra de la igualdad y la justicia social? ¿Desde cuándo la izquierda se dedica a bendecir los privilegios económicos de los territorios, mientras predica el reparto de la riqueza individual? ¿Desde cuándo la izquierda está más preocupada por recuperar los derechos históricos de esas castas territoriales que por acabar con todos ellos? ¿Cuándo se decidirán a denunciar los privilegios de los cupos vasco y navarro? ¿Cuándo se rebelarán contra la xenofobia nacionalista cada vez que largan eso de "España nos roba", o "Cataluña produce para que los andaluces se pasen la vida en el bar"? ¿Qué perversión ideológica esquizofrénica lleva a la izquierda española a justificar a las burguesías territoriales y a la vez a denostar a la burguesía nacional? ¿Qué tiene de bueno la derecha catalanista del 3% que no tenga la derecha corrupta del PP para que en Cataluña la izquierda apoye sus presupuestos y sin embargo esa misma izquierda eche pestes del PP en el Congreso de los Diputados? ¿Qué mierda de izquierda nos insta a sacralizar los territorios ricos frente a los pobres con conceptos de parvulario como la plurinacionalidad del Estado? ¿De verdad hay que levantar un muro en Cataluña para que los mejicanos del sur del Ebro no puedan participar de la justicia social surgida de la progresividad fiscal que garantiza España? ¿Dejaremos que los ciudadanos que vivan en territorios con escasa industria, infraestructuras deficientes y peores condiciones laborales padezcan peores servicios sociales? Porque de eso se trata, de asegurar condiciones de igualdad y de justicia social.

La construcción de la identidad étnica, el recurso a los derechos históricos, la milonga de la nación cultural para crear condiciones reales de una nación política sólo son excusas para lograr una posición de privilegio, que en el campo económico sólo será posible detrayendo los recursos de otros, en el cultural excluyendo derechos lingüísticos y en el político convirtiendo al disidente en extranjero.

Tiempo habrá para desmontar la perversión del lenguaje de ese viejo nacionalismo y este nuevo populismo, por ahora sólo quiero remarcar la traición de esta izquierda reaccionaria que escupe impúdica sobre la igualdad que la inspiró y sobre la propia izquierda española que tanta sangre derramó por superar las desigualdades sociales entre españoles.

La infección se extiende imparable: hoy el PSC aclara que Cataluña es una nación; mañana pide la soberanía para Aragón Pablo Echenique; su compañera de Podemos Teresa Rodríguez exige el derecho a decidir en versión andaluza; En Marea impide las siglas de Podemos en la coalición electoral que presentó en Galicia; y en Cataluña, Ada Colau y Xavier Domènech preparan un nuevo partido soberanista al margen de Podemos, pero con su electorado. El reino de taifas en versión Juego de tronos. No hay día ni lío donde no esté presente el desprecio a la nación España. Ni descalabro que no esté originado en el virus catalanista, origen malsano de toda la entropía territorial en que chapotean izquierdas y nacionalistas como hermanos de sangre.

Ante tanto disparate, es preciso pararse a reflexionar. España no es el problema, es la solución. España es la garantía del bien común, el aval de la ciudadanía, esa condición indivisible que compartimos todos los españoles y que nos garantiza la igualdad y la libertad en igualdad de condiciones, sin merma ni privilegio. La nación constitucional ni debe ni puede excluir de esa ciudadanía de hombres libres e iguales a nadie; muy al contrario, nos garantiza que ningún privilegio basado en la raza, la lengua, el sexo, el territorio, las condiciones económicas o la cuna podrá ser condición de exclusión o privilegio. Eso, precisamente eso, es lo que nos garantiza hoy España. O sea, impedir que el más listillo de la clase se quede con más chuches que el resto.

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