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La caja de Pandora y la memoria democrática

El día que levantaron la lápida de 150 toneladas no sólo desenterraron a Franco, también lo resucitaron. ¿No lo previeron? ¿O en realidad lo buscaron?

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En la mitología griega, la caja de Pandora alude al regalo envenenado que hizo Apolo a la mujer de Epimeteo, hermano de Prometeo, de quien Apolo quería vengarse por haber robado el fuego de los dioses para dárselo a los hombres. El regalo a Pandora portaba una condición: la caja jamás debía ser abierta. Pero la curiosidad de la mujer pudo más que su prudencia. Al abrirla salieron de ella todos los males del mundo, provocando la desgracia de los hombres.

Nuestra historia está plagada de aquellos males. Los odios que nos llevaron a la Guerra Civil desataron tanta crueldad que los protagonistas de ambos bandos decidieron enterrarla en la Transición del 78 bajo una Constitución democrática. ¿Quiénes son sus nietos ahora, que no la sufrieron, para enmendar la voluntad de sus abuelos?

Si buscáramos nuestra caja de Pandora en el símbolo enterrado de los males de aquel tiempo de sangre y fuego, la mayoría de españoles la localizaría en la tumba de Franco. Una losa de 150 toneladas como metáfora de seguridad y olvido.

La maldad de Zapatero y la ambición de Pedro Sánchez ignoran la Historia y desconocen el alcance de sus actos. Como Pandora. El día que levantaron la lápida de 150 toneladas no sólo desenterraron a Franco, también lo resucitaron. ¿No lo previeron? ¿O en realidad lo buscaron?

En ese momento, sus antiguos seguidores se reducían a unas docenas de nostálgicos sin incidencia alguna en la sociedad. Ganó la guerra en tres años, pero se pasó 40 perdiéndola. Y, ya perdida, la bibliografía y la filmografía, los relatos escolares y la empatía periodística e intelectual desde la Transición a hoy dejaron establecida la maldad intrínseca del franquismo frente a la bondad democrática del Frente Popular. ¿Por qué arriesgar esa hegemonía moral, cultural, ideológica y política consolidadas, si la Ley de Memoria Democrática pudiera cuestionarla?

Sólo se me ocurren dos motivos, y ninguno bueno: por sectarismo o por pura y perversa estrategia electoral. En el primer caso, porque a la izquierda reaccionaria no le basta con disfrutar de su hegemonía moral sobre la oposición, quiere eliminarla. En el segundo, porque si reduce el debate político a un enfrentamiento binario irreconciliable, monopolizará el poder. En ese escenario, sólo el sanchismo se asegurará los votos de nacionalistas, populistas y filoetarras para formar Gobierno, al carecer de escrúpulos, mientras que el centro-derecha (PP, Vox y Cs) los tiene.

¿Acabar con la paz de la Transición, desenterrar odios cainitas, abocar al enfrentamiento territorial y civil nuevamente puede tener alguna justificación? ¿E indultar a golpistas?

Cometen un error de bulto, ¿por qué hacer una historia oficial de la guerra civil para dejar por ley la maldad intrínseca del franquismo, si al destapar el avispero de aquella realidad oculta y ocultada desde la Transición les caerá una avalancha de crímenes, abusos y crueldades del Frente Popular, que hasta ahora quedaban en círculos cerrados de historiadores y bibliotecas? Si ya tenían ganada la hegemonía moral, si la condición de víctimas, el sectarismo literario y cinematográfico desde los años de la Transición del 78 ya habían dejado una foto fija donde la II República era el cielo y Franco el infierno, ¿para qué arriesgar a que la derecha, enfadada por ser calificada y reducida a puro franquismo, reaccione y ponga sobre la mesa los horrores de la II República, lo que nunca se hubiera atrevido a poner en otras circunstancias?

Desenterraron a Franco y lo acabaron resucitando. Ahora van camino de rehabilitar las razones que llevaron al general a dar un golpe de Estado, o al menos a desvelar la cara sucia del Frente Popular y de una República sin demócratas. En ambos bandos. No es una suposición, docenas de artículos, conferencias, vídeos y miles de informaciones difundidas exponencialmente por las RRSS ya lo están haciendo. Y modificando emociones. El preámbulo para cambiar ideologías y comportamientos.

Envenenar a la sociedad es un crimen. Y los responsables, unos criminales. Recordémoselo a este Gobierno sin escrúpulos cuando su empeño acabe con haciendas y vidas.

El único bien entre todos los males que contenía la caja de Pandora era la esperanza. Mal consuelo.

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