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La Sagrada Familia en peligro

Los máximos responsables de las instituciones en Cataluña prefirieron aprovechar el impacto internacional para vender el procés y oponerse al Rey.

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La gasolinera junto a la Sagrada Familia. | Google Street View.

El próximo 17 de agosto se cumplirá el primer aniversario de los terribles atentados yihadistas en Barcelona y Cambrils. La ciudadanía de Barcelona y de toda España mostrará su rechazo a esa barbarie y se unirá al dolor de familiares y amigos de las víctimas.

Por primera vez en la historia de los atentados terroristas en Europa, el año pasado, en la manifestación de rechazo del día 26 siguiente, los máximos responsables de las instituciones en Cataluña, prefirieron aprovechar el impacto internacional para vender el procés y oponerse al Jefe del Estado, el rey Felipe VI. Una vergüenza que los actuales dirigentes nacionalistas quieren volver a repetir en su aniversario, mostrando al mundo su rechazo al Rey como máximo símbolo de España. Quim Torra ha sido el primero: "Los catalanes no tenemos rey". Y le han seguido otros. El PDeCAT insta a secundar las protestas que ya están organizando la ANC y Ómnium; desde ERC, a través de Lluís Pérez considera "una provocación, una falta de respeto el que venga Felipe VI a Barcelona", y la CUP y los CDR preparan el rechazo bajo el lema, Karda fora el Borbó (Echa al Borbón).

Esta miserable utilización de la muerte en un aniversario que debería estar centrado en el apoyo a las víctimas y en el rechazo al terrorismo, muestra la bajeza moral del secesionismo catalanista, pero también su incapacidad para saber ubicar lo que es importante y lo que sólo es accesorio.

Las declaraciones del yihadista sobreviviente a la explosión de Las Casas de Alcanar donde almacenaban más de 100 kilos de explosivos nos han mostrado, que la tragedia de las Ramblas y Cambrils no debe reducirse a su aniversario, sino en prever y lograr mayor seguridad ante la amenaza de nuevos atentados. Mohamed Houli confesó al Juez que instruye la causa que los más de 100 kilos de explosivos TATP (triperóxido de triacetona) estaban destinados para distribuirlos en tres furgonetas con la intención de hacerlas explosionar en el Camp Nou durante la celebración del partido Barça-Betis, en la Torre Eiffel y contra la Sagrada Familia. Al desaparecer "La madre de Satán" y sus ideólogos en la explosión de Alcanar, el resto optó por atropellar a ciudadanos indefensos.

Nunca antes DAESH tuvo tanta capacidad de destrucción en Europa, y nunca antes habían apuntado tan alto contra emblemas occidentales. ¿Cómo es posible que ante semejantes amenazas nuestros políticos se dediquen a sus pequeñas obsesiones identitarias? Honrados los muertos, no hay que perder un minuto para empezar a defender a los vivos. Es decir, prever, combatir y garantizar nuestros monumentos, nuestra economía y nuestras vidas. El resto es miserable.

La obsesión yihadista contra la Sagrada Familia viene de lejos. Afortunadamente se han abortado intentos anteriores, pero ante el peligro yihadista, un terrorismo que ha violentado y sustituido el instinto de supervivencia por el odio a costa de la propia vida, cualquier prevención es insuficiente. En la confluencia de la Avd. Gaudí, con las calles de Provenza y Marina existe una gasolinera que es una bomba inquietante al estar situada en una de las esquinas de la Sagrada Familia y adosada a uno de los bloques de vivencias de la Avd. Gaudí/Marina.

Sabemos que la seguridad de las gasolineras hoy día es muy alta, pero ante la barbarie, nada es seguro. Un camión cisterna descargando combustible, los depósitos subterráneos expuestos, un coche cargado de explosivos que se acerca a poner gasolina… y el infierno. Allí, concentrados en un espacio mínimo, el turismo remansa a miles de visitantes en colas interminables para entrar al templo de la Sagrada Familia. La deflagración sería de tales dimensiones, que hasta podría derribar la catedral del modernismo después de dejar muerte y desolación.

¿No es posible cerrar esa gasolinera, pegada a los edificios y amenaza permanente para bienes y vidas? La propuesta no pretende alarmar, solo advertir y centrar las preocupaciones que deberían tener nuestros políticos ante un aniversario como ese, en lugar de sacar tajada política de la muerte.

PD: 17 de agosto. Barcelona. Plaza de Cataluña, 10,30 horas de la mañana. Para todos los que quieran honrar en silencio a las víctimas y mostrar su rechazo al terrorismo.

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