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¿Por qué fracasó C’s?

El error no estuvo en la campaña, como han apuntado muchos, sino en los vicios ocultos de la formación naranja.

Antonio Robles
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Digámoslo de entrada: C's no fracasó, fracasaron las expectativas. Sí, esas ficciones levantadas por encuestas adobadas para crear tales expectativas.

El error no estuvo en la campaña, como han apuntado muchos, sino en los vicios ocultos de C's. Los que no ve la gente, pero minan su credibilidad y transmiten los militantes descontentos. Como pasó en UPyD y nadie reparó hasta que era demasiado tarde. Es cosa de partidos atractivos en expansión.

Confundir la realidad publicada con la realidad, a menudo desatiende esas pulsiones internas de los partidos. La ficción comenzó cuando El País y algunos poderes fácticos se empeñaron en crear un Podemos de derechas a mediados de 2015 a través de encuestas a medida. Mal está crear ficciones para forzar realidades, pero es de adolescentes creérselas. Y ese fue el primer gran error de C´s en las elecciones generales del 20-D. De ahí la decepción inesperada de su dirección y analistas de la cosa. El de estas últimas dependió por completo de los vicios ocultos imposibles ya de ocultar. El antecedente de UPyD entraba en escena y nadie lo quiso ver.

La primera evidencia de tales vicios ocultos fue la manera de expandirse a España como partido en medio de las elecciones municipales. Cualquier pelanas sabe que no filtrar la militancia en esas circunstancias provoca una colonización de indeseables, buscavidas, arribistas y rebotados con ganas de medrar en la política. ¿Les importó a los responsables? Estaban demasiados entusiasmados en aprovechar la ola provocada por las encuestas amigas. Resultado: un partido nuevo lleno de militantes rebotados de partidos viejos. Con sus daños colaterales. Líos, mondongo ideológico y expulsiones exprés. Las quejas de la militancia decente no tuvieron interlocutor en el partido.

La segunda evidencia fue el abandono de la beligerancia contra el nacionalismo lingüístico en aras de ensanchar el espacio electoral al catalanismo moderado. Una traición en toda regla que le ha costado en Cataluña el mayor bajón de toda España (114.820 votos, con una disminución de 2,12 puntos respecto al 20-D: del 13,05 al 10,93%). Es decir, han dejado de votarle 16 ciudadanos de cada 100 que lo habían hecho en las anteriores. En municipios con mayoría hispanohablante como Castelldefels descendió 3 puntos (23 votantes de cada 100). Por comparativa, en el conjunto de España la pérdida fue menor: 0,9 puntos, 6 votantes de cada 100 (390.759 votos menos).

La tercera evidencia es la incoherencia creciente en los mensajes. Un partido como C´s, que nació para eliminarla y vivir de su frescura, no puede asegurar categóricamente que votará a la lista ganadora y a continuación apoyar la candidatura del PSOE; no puede afirmar que no vetará a nadie y se desdiga con Mariano Rajoy; no puede dar lecciones cívicas afeando a los demás la tendencia a caer en el "y tú más" y emularlos cuando le conviene; no puede defender la limitación de mandatos y no aplicársela; no puede pretender imponer al resto de partidos las listas abiertas y aplicarlas según convenga en su casa; no puede crecer a costa de haber vendido que tendrá un mismo discurso en toda España y después hacer una campaña para Cataluña y otra para el resto de España: "Un president catalá per a canviar Espanya". Un partido que nació para borrar hechos diferenciales supremacistas, cae de bruces en la superstición de la singularidad catalana, como si ésta tuviera un valor añadido. Nadie utiliza el lugar de nacimiento en España para validar su candidatura a la presidencia. Menos los nacionalistas. Aún así, hubiera sido una buena campaña de haber sido única para toda España. Pero no fue así.

Y cuarta evidencia, C´s ya no es C´s, al menos el C´s que surgió de largos años de resistencia al nacionalismo impulsado por cientos de personas anónimas que ya lo han abandonado. Y eso comienza a pasarle factura. Aquel sueño desapareció bajo la personalidad caudillista de Albert Rivera y un espacio ideológico liberal de centroderecha, que sin embargo se empeña en no definir para pescar en un centro de perímetro indefinido. Para muchos es una traición, pero es el espacio gaseoso que le sirvió en el 20-D para convencer al electorado popular de que era uno de los suyos. La identificación tuvo tanto éxito que hasta sus adversarios le acusaron de ser la marca blanca del PP. Un detalle que trató de equilibrar abrazándose en un pacto de intereses con el PSOE y vendido como la voluntad de un hombre generoso sin más interés que el bien del Estado. Fracasada la ficción, demasiada gente vio en su gestualidad al político viejo con trucos nuevos. La coherencia cuesta ganarla, pero facilísimo perderla.

Si el convertir a C's en un partido de centroderecha fue una traición a sus orígenes, ahora no ejercer de ello con personalidad y limpieza en una situación muy polarizada le llevaba a no ser partido fiable para el votante del PP. C's ha cometido esos errores, pero se ha implantado en toda España con 32 diputados y un dirigente que quiere liderar a la derecha española. De ahí su empeño por eliminar a Rajoy con la disculpa de la corrupción.

Quienes dejaron media vida en la creación de C's han de aceptar que aquel C's que quiso acabar con la hegemonía moral del nacionalismo, terminar con la exclusión lingüística, desbancar al PSC y liderar España con el fin de regenerar la política y afianzar la igualdad de todos los españoles ante la ley, ya no existe. Pero puede llegar a ser el partido de centroderecha moderno que necesita España. Su líder, Albert Rivera, tiene capacidad suficiente para liderarlo y adaptabilidad ideológica para llevarlo a cabo. Sólo es cuestión de que salga del armario y sea consecuente. El electorado no es tonto y no le gusta que jueguen con él.

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