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¿Puede una mentira explicar una verdad?

Si tienes arrestos periodísticos, Évole, ¡atrévete con los vivos del derecho a decidir y sus publirreportajes!

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Jordi Évole ha escandalizado a muchos con una fórmula antigua que ha tenido la habilidad de vender como nueva. Desde 1938, Orson Welles dejó advertido que los medios de comunicación de masas pueden vender como realidad, ficciones. Aunque tampoco Orson Welles fue novedoso, en realidad el poder siempre se ha biografiado a sí mismo en todos los tiempos. La historia de la humanidad, es la historia del poder.

La apuesta de Operación Palace sobre el 23-F ha logrado el objetivo de dar con apariencia de realidad lo que sólo era pura ficción. Contó para ello con periodistas y políticos relevantes. Demasiado relevantes para considerar el atrevimiento como un simple juego tal como el chico rebelde nos quiere vender. No le creo. Y no le creo porque el enunciado con que se publicitó el programa fue una pregunta que lo dice todo: "¿Puede una mentira explicar una verdad?". Desde luego su equipo ha logrado dar apariencia de verdad a lo que solo era mera invención. Pero detrás de la confesión de mentira, queda la huella de la sospecha: ¿Hay algo de verdad en esa mentira? Fuera intencional o no, esa insidia es la atmósfera que queda del documental y del debate posterior.

Dejaré aquí el juicio de intenciones sobre Operación Palace, en realidad cuando me propuse escribir sobre este episodio al que considero profesionalmente intachable y muy pedagógico para mostrar al ciudadano las prevenciones razonables que debemos tener frente a los medios de comunicación de masas, no pude menos de considerar lo fácil que es atreverse con determinados temas en España y lo difícil que es hacerlo con otros. Podría haber elegido el 11-M donde la información inventada del "suicida de las tres capas de calzoncillos" de la Cadena Ser de Iñaki Gabilondo basculó en 48 horas las elecciones a favor del PSOE al sostener y reforzar con informaciones interesadas la tesis islámica frente a la teoría igualmente interesada de ETA por parte del Gobierno de Aznar. De haber abordado el 11-M, Iñaki Gabilondo podría haber aportado con fundamento de causa elementos memorables para el guión de mentira. Bien, puede que del 11-M lo sepamos todo y del 23- F nada. Cuestión de perspectiva, que diría Ortega.

La tendencia a las teorías conspirativas de muchos ciudadanos se adoban con programas como éste y se maceran con tertulias posteriores como la que siguió al documental. Curiosamente, la Corona y la Transición acabaron apareciendo como antiguallas y la Constitución como una madrastra que nos tiene encorsetados y nos impide decidir libremente. Un lenguaje sospechosamente cercano a las tesis del sector más nacionalista del PSC-PSOE y de sus potenciales amigos del derecho a decidir.

Hay muchas maneras de manipular al espectador, la peor es pasar por defensor de la limpieza informativa para lograr así la confianza del espectador e intoxicarlo sutilmente después. Jordi Évole es bueno, muy bueno, pero no tan neutral ni tan valiente como parece. En Cataluña, su tierra natal, tiene a diario programas idénticos a "Operación Palace", pero no se atreve con ellos. TV3 es una fábrica de publirreportajes, y la consejería de cultura de la Generalidad un presupuesto para crear museos donde se reinventa la historia. Una gran ocasión para inaugurar la deconstrucción de ficciones, querido Évole. Por si no estás al corriente te mando este enlace, en el que encontrarás unos cuantos. Todos mejor que el tuyo. Si me permites la licencia.

Te invito Jordi a que te atrevas con los miuras de verdad. No hagas trampa, los fantasmas del franquismo ya no embisten. Si tienes arrestos periodísticos, ¡atrévete con los vivos del derecho a decidir y sus publirreportajes! Anda, valiente, que tú vales mucho.

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