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Sostres o la imposible defensa de Rajoy

No hay que esperar a que se rompa España, Sr. Sostres, España ya está rota desde que Pujol diseñó un apartheid lingüístico y nacional

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Salvador Sostres | Archivo

La pelea por la supremacía del poder independentista en Cataluña entre Puigdemont y ERC, escenificada ayer con la clausura del Parlament al negarse el primero a perder su condición de diputado tal como dictó el Supremo, ha servido a Salvador Sostres para convertir la ineptitud de Mariano Rajoy en astucia. (Aquel puente de octubre).

Pretender otorgar a la cobardía de Rajoy la autoría de esa grieta en el independentismo no sólo es obviar la intrahistoria del cainismo entre la burguesía catalanista (CiU) y el radicalismo nacionalista de ERC de raíz rural sino, sobre todo, considerar la política de apaciguamiento de Rajoy como la solución al separatismo. Graso y grave error de un catalán cuyo supremacismo latente le impide ver que el independentismo no es el problema, sino el enraizamiento y fortalecimiento de un racismo cultural y un supremacismo moral que han crecido a costa de no combatirlos.

No es la independencia fáctica, ni su amenaza, sino el conjunto de exclusiones, el control de la mente de nuestros hijos en la escuela, la manipulación de los medios, la exclusión de la cultura y símbolos de la nación española, la opresión y humillaciones diarias, el abuso de una casta nacionalista que domina todas las instituciones y presupuestos, las cesiones inacabables del Gobierno de la nación, la lluvia fina de desprecios a los derechos y sentimientos de la población hispanohablante, son los que ahora, ¡cada día!, sufren más de la mitad de los ciudadanos en Cataluña y constituyen el verdadero mal contra el que Rajoy nunca se enfrentó. No es la independencia futura, sino las exclusiones presentes que Rajoy permitió, y las venideras que el gobierno del PSOE-PSC de Pedro Sánchez y Miquel Iceta están dispuestos a facilitar cediendo nuevas competencias estatutarias, las que están perpetuando el despotismo en Cataluña y destruyendo la igualdad entre todos los españoles. Ya lo hice explícito después del 1-0: "La independencia me importa un carajo".

No hay que esperar a que se rompa España, Sr. Sostres, España ya está rota desde que Pujol diseñó un apartheid lingüístico y nacional despreciando a la mitad de ciudadanos de Cataluña. Ese es el mal. Pero a usted la inmersión y exclusión lingüística o la exclusión social le pasan desapercibidas porque en el fondo participa de un supremacismo que todo catalanista ha mamado desde pequeño con distinta suerte y peor destino. Le pasa igual que a su antítesis, Pablo Iglesias, que se desentiende de la nación española porque para él el verdadero patriotismo son los derechos sociales, pero a la hora de aplicar el argumento a Cataluña, se alía con los defensores de la autodeterminación, el derecho a decidir, y el racismo cultural. Por lo que se ve, en Cataluña la igualdad social y los derechos lingüísticos no son relevantes.

Mire, Sr. Sostres, le daré un apunte, simple esbozo de lo que dice la neurociencia más reciente: El cerebro humano recaba y organiza la información y la memoria a través de miles de millones de conexiones sinápticas entre neuronas creando patrones de conexiones adobadas de emociones, conceptos, actitudes, comportamientos etc. Cuanto mayor sea el número y la diversidad, mayor capacidad para comprender el mundo y actuar con criterio. De la misma manera que el cerebro recibe e incorpora a tales patrones de conexión información válida, hace lo mismo con la información errónea y manipulada, o sea, incorrecta. Y de la misma forma que la información correcta fortalece los patrones racionales y emocionalmente equilibrados, el aprendizaje incorrecto fortalece el error. Y como el cerebro está programado para aprender, rectificar el error, desaprender conocimientos, actitudes, valores etc. es muy difícil. Los prejuicios, los malos hábitos, las tendencias emocionales tóxicas, se hacen, así, persistentes y son muy difíciles de corregir.

Sr. Sostres, los mangoneos de estos golpistas de guante blanco no podrán con España tan fácilmente, pero están adoctrinando en su delirio a nuestros hijos en la escuela, ¡ahora! Ese es el problema, el que ahora mismo sufrimos y venimos sufriendo desde hace décadas. Y ese, Sr. Sostres, es el que nos debe preocupar y ocupar. Y su querido Rajoy y vicepresidenta Soraya nada hicieron al respecto.

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