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Triunfo del lenguaje nacionalista

El lenguaje patrimonialista del nacionalismo ya no se circunscribe a Cataluña y al País Vasco, se ha extendido a todas las comunidades.

Antonio Robles
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Es un gozo para el científico disponer de datos empíricos contrastados para lanzar hipótesis y evaluar teorías. Como puede ser la incidencia de las abejas en la polinización. Por el contrario, se torna una pesadilla para cualquier mente racional evaluar la existencia de la Atlántida porque los datos de que disponemos sobre el mito están basados en hipótesis emocionales. Entre estas hipótesis emocionales, podríamos situar aquellos estudios distorsionados por la ideología, como es el caso de la utilización de las balanzas fiscales por parte de la Generalidad de Cataluña. Hasta ayer, porque con la publicación del Estado de "las cuentas públicas territorializadas" se enriquece la aportación de datos, se valoran otros criterios de estudio y se contrarresta la selección de información interesada. Y digo "hasta ayer" no porque el estudio dirigido por el catedrático Ángel de la Fuente sea científico y el de la Generalidad intoxicador, sino porque ahora la discusión ha encontrado réplica. Es decir, ahora podrá haber debate entre científicos y mitólogos. En medio, los datos y los criterios. Las verdades emocionales tendrán que hacer algo más que predicar para lograr crédito.

Por de pronto, el nacionalismo ya no podrá repetir impunemente que Cataluña sufre el mayor expolio fiscal de todas las comunidades autónomas. No es así: el de Madrid dobla al de Cataluña: -16.723 frente a los -8.455. En el fondo una discusión infantil. Y muy nacionalista; o sea, muy interesada. Un nuevo triunfo del lenguaje nacionalista.

Hoy por la mañana no había medio alguno en Cataluña que no tratara la cuestión con un apasionamiento propio de las discusiones futbolísticas. Entretenidos en la guerra de números y las hipótesis empleadas, está pasando desapercibida la encarnación del concepto de déficil fiscal, que en terminología nacionalista se traduce por expolio fiscal, y cuya versión más tosca ha tomado el tufo xenófobo de "España nos roba". Es decir, lo que técnicamente no deja de ser un balance económico útil para redistribuir la riqueza de un país con criterios equilibradores han logrado venderlo como un robo. En una palabra, si Cataluña fuera Estado independiente podría contar con esa cantidad y acabaríamos con los problemas sociales y de deuda. Así se ramplón, y así de retrógrado. El Periódico de Catalunya lo subraya con contundencia a seis columnas en portada: "El Estado certifica el déficit fiscal: 8.455 millones". Ya tienen la prueba del delito publicada por el enemigo. Y ahora, a ver quién logra hacer comprender a la parroquia que en un Estado Social y Democrático de Derecho como es España pagan los ciudadanos, no los territorios, y el valor en el que se funda el Estado Social es la progresividad fiscal (pagan más los que más tienen); de ahí el déficit fiscal de Ronaldo frente a la mayoría de socios del Barça. Y puestos a distorsionar la realidad para introducir criterios territoriales, ¿cuáles serían los sujetos fiscales? ¿las comunidades autónomas, las provincias, los municipios, los barrios…? ¿Acaso los que vivimos en Barcelona no sufrimos déficit fiscal respecto a los habitantes del resto de Cataluña? (Por cada 100 euros aportados por Barcelona, 19 no retornan. Menos mal, de lo contrario, en Lérida no llegarían a servicios básicos).

Como vemos, ha ganado el nacionalismo, porque han logrado instalar la discusión entre comunidades y la han infectado de agravios. Un motivo más para el enfrentamiento entre regiones. El lenguaje patrimonialista del nacionalismo ya no se circunscribe a Cataluña y al País Vasco, se ha extendido a todas las comunidades. Pujol ha logrado que las partes se enzarcen de espaldas a España, sin reparar que es la garantía del bien común. Aun así, la contrarréplica era necesaria. Ahora le toca a la historia manipulada.

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