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Violencia en la ciudad sin ley

En Cataluña todo es falso, y más que ninguna otra cosa la leyenda de Barcelona como ciudad pacífica.

Antonio Robles
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La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, ha comenzado a calibrar los daños colaterales de sus afirmaciones de activista de salón que la llevaron a afirmar hace ahora un año: "Estamos dispuestos a desobedecer leyes injustas…". Y a desmontar la unidad antidisturbios de la Guardia Urbana, amén de deslegitimar las intervenciones de los Mozos de Escuadra.

Tres días de disturbios, violencia, setenta mil euros en destrozos y una treinta de heridos, muchos de ellos policías. Al peor estilo de la kale borroka. Un mal fario para la revolució dels somriures. Y una advertencia para todos los que durante estos últimos años se han dedicado a erosionar la legitimidad de la Constitución, comenzando por las 12 cabeceras editoriales y acabando con el desprecio a la legalidad vigente del expresidente Mas y la actual presidenta del Parlamento, Carme Forcadell. De tanto mangonear la ley para imponer sus delirios, puede que logren una ciudad sin ley.

Para quienes aún siguen defendiéndolos en nombre del "uso social" de los locales ocupados, deberían saber que los okupas desalojados del Banc Expropiat se negaron a negociar con el Ayuntamiento. Se negaron incluso a reunirse. Según ellos, nada había que negociar. Ni abandonaban el edificio ni se avenían a pagar el alquiler. Simplemente se consideran dueños del local amparándose en el principio social de propiedad. Un nuevo sofisma. Ahora la ley no es la aprobada por los representantes del pueblo, sino la impuesta por la sensibilidad social subjetiva de la ideología okupa. A este paso, La Ciudad de los Prodigios surgirá de sus cenizas convertida de nuevo en Rosa de Fuego. Sin darnos cuenta. Mecidos por la revolució dels somriures.

Con la experiencia del gato escaldado, Federico J. Losantos nos recordaba esta mañana en esRadio que en Cataluña todo es falso, y más que ninguna otra cosa la leyenda de Barcelona como ciudad pacífica: la Semana Trágica, el anarquismo violento de principios del siglo XX y su envés en el pistolerismo patronal. Olvidar esa evidencia nos puede costar caro. Pero se dejó en el tintero otras: los actos violentos de estos falsos anarquistas de la CUP puede que nos recuerden la violencia explícita del anarquismo de SC o de la CNT de principios de siglo, pero no tienen nada que ver con ellos ni con su tiempo. Aquellos revolucionarios de carne y hueso se jugaban la vida por los derechos de los trabajadores en un tiempo donde la explotación empresarial nada tenía que ver con los derechos sociales y laborales de la actualidad. Los okupas de las CUP, sin embargo, son niños consentidos de la Transición política que diseñan escaramuzas con los Mozos de Escuadra a sabiendas de que el sistema que combaten garantiza sus derechos… y sus juegos de salón. Pero, sobre todo, aquellos anarquistas eran enemigos de del catalanismo y del nacionalismo esencialmente burgueses, no así los protofascistas de ERC y los comunistas del PSUC de los años treinta. Además, estos son cuatro gatos, la CNT en 1919 ya tenía 800.000 afiliados. El anarquista Juan García Oliver, ministro de Justicia de la República, lo clarifica en 1937:

Mientras que, por un lado, la CNT se dedicaba a la gigantesca labor de dar una unidad federalista a los trabajadores españoles (elemento indispensable para poder realizar sobre bases sólidas la gran revolución social que se proyectaba en nuestro país), había por otro lado en Cataluña un pequeño núcleo de tenderos, curas y ratones de sacristía que se dedicaban a hacer política separatista. Nadie les hacía caso. Vivían ahogados por la gran gesta revolucionaria que llevaban a cabo los trabajadores de Cataluña y España.

Ayer, Eulàlia Reguant dejaba clara la postura de las CUP ante el Gobierno de la Generalidad para romper unilateralmente con España:

Nosotros no avalaremos unos presupuestos que consideramos que son autonómicos. Si decididamente esta legislatura es para la ruptura, los presupuestos lo tienen que ser también. Si no lo son, la CUP no está aquí para jugar otra partida.

Estos anarquistas del s. XXI son, ante todo, independentistas. Es decir, enemigos de los anarquistas históricos. Una anécdota final: en 1994, en la sede de la CNT de Barcelona, nos contestaron a la propuesta de unir fuerzas contra el nacionalismo: "A donde fueres, haz lo que vieres". Y se quedaron tan anchos.

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