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¡Viva Venezuela libre de gorilas!

Convencidos de estar luchando por el bien de la Humanidad, siembran el mal a todas horas.

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Mientras Podemos llora por Venezuela, el resto deberíamos subrayar las contradicciones de esa izquierda reaccionaria que está en la base y justifica la existencia de regímenes hambreadores y criminales como el de Maduro.

La autoproclamación del actual presidente legítimo del Parlamento venezolano, Juan Guaidó, como presidente interino para convocar unas elecciones democráticas en el plazo de un mes puede chirriar democráticamente en un país donde la legalidad es un formalismo que no respeta ya nadie; pero nos da ocasión para dejar en evidencia a nuestra izquierda populista y cómplice de ese régimen antidemocrático chavista.

Tanto el macho alfa de Podemos, Pablo Iglesias (nuevamente ha dejado el biberón para recordar a su madre que los procesos trascendentales de la historia son cosa de hombres), como el monaguillo de IU, Alberto Garzón, han calificado el acto de Guaidó de "golpe de Estado". Pero quien mejor ha definido la contradicción de estos demócratas de conveniencia ha sido el correligionario de Ada Colau en el Ayuntamiento de Barcelona Jaume Asens, que ha arremetido así contra Casado, Rivera y Abascal:

Confunden las urnas con un golpe de estado en Catalunya y reconocen un golpe de estado contra las urnas en Venezuela.

Para nuestros populistas, en Cataluña se respetó la legalidad constitucional por parte del "pueblo de Cataluña", y en Venezuela el "pueblo de Venezuela" dio un golpe de Estado contra el Gobierno democrático de Nicolás Maduro.

A la luz de semejante apología de la ceguera, se entiende por qué Heráclito sentenció hace ya 25 siglos que "la guerra es la madre de todas las cosas".

Sería bueno recordar a nuestra izquierda sectaria que el origen filosófico de su ideología está en el concepto ilustrado de la Historia, en la ambición de crear un mundo más justo basado en la igualdad, donde la emancipación humana pasaba por la igualdad económica, como paso previo para la conquista de la justicia, la libertad y la felicidad. Porque solo hombres emancipados de la explotación de otros hombres, hombres libres de la superstición y la ignorancia, podrían decidir por sí mismos, a salvo de la manipulación, y libres para elegir sin cadenas políticas, económicas, religiosas etc. Lo que tan bien teorizara Carlos Marx con la teoría de la alienación.

Hoy más que nunca, deberían emanciparse de la peor de las supersticiones, su propia ideología. Convencidos de estar luchando por el bien de la Humanidad, siembran el mal a todas horas. Venezuela es el último ejemplo. Una sociedad arrasada por la intolerancia y rota por el exilio, muere de hambre y de miedo. El tejido empresarial y laboral destruido, las instituciones democráticas violadas, y un futuro abocado a la guerra civil. Y en medio de ese horror, su presidente habla con Chávez a través de un pajarito, viaja al pasado para mentir sobre el presente y gesticula como un mono contra el eterno imperialismo.

En un país destrozado, y con el Estado de Derecho y la separación de poderes mangoneados, ¿se debe impedir que un presidente interino legítimo facilite unas elecciones libres y limpias? Pedro Sánchez y Zapatero agotaron la indignación con Pinochet.

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