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Carmelo Jordá

Si el crimen es hablar con Villarejo

Resulta muy difícil discernir si esta izquierda que nos ha tocado como un castigo divino tiene menos vergüenza o menos memoria.

Resulta muy difícil discernir si esta izquierda que nos ha tocado como un castigo divino tiene menos vergüenza o menos memoria.
La fiscal general del Estado, Dolores Delgado. | Europa Press

Resulta muy difícil discernir si esta izquierda que nos ha tocado como un castigo divino –le cambias al faraón las siete plagas por Zapatero, Sánchez, Iglesias y los separatistas y en cuatro días te los devuelve y pide dos plagas más– tiene menos vergüenza o menos memoria, pero desde luego de ambas anda tan escasa como sobrada está de rostro.

Una cara que, en el caso del presidente, es de dimensiones colosales y de una dureza más cercana a la del acero que a la de la piedra –estoy convencido de que si colocasen la jeta de Sánchez en el Monte Rushmore así en carne mortal daría menos problemas de mantenimiento que las pétreas reproducciones de Washington, Jefferson, Roosevelt y Lincoln–, que es sin duda el arma nuclear del inquilino de Moncloa: poder mentir, engañar, desdecirte o acusar al rival de lo que haces tú todos los días y sin que se te mueva un pelo de la ceja es, en estos tiempos de periodismo servil, una auténtica bomba de neutrones política.

Solo así se puede entender que el tío sea capaz de, en plena precampaña de Andalucía, poner en la mesa del debate público la corrupción del PP y, sobre todo, hacerlo a cuenta de unos audios en los que políticos populares retirados hace años de la vida pública hablan, oh qué crimen, con el infame excomisario Villarejo.

Unas conversaciones nada agradables, de acuerdo, pero, que por mucho que le pongan a la portavoz del Gobierno los "pelos de punta", son infinitamente menos graves que las del propio Villarejo con la todavía fiscal general Dolores Delgado, aquellas en las que uno reconocía abiertamente estar al mando de una organización dedicada a la extorsión y la otra lo celebraba entre risas, además de implicar a compañeros de las más altas magistraturas en el sexo con menores.

Por lo pronto, en la nueva hornada de audios villarejiles todavía nadie ha admitido directamente un delito y ningún fiscal de la Audiencia Nacional ha rehusado su obligación legal de perseguirlos. Lo quieran o no los escandalizaditos del momento, ahí yo veo dos diferencias importantes, oigan.

Y si el crimen es hablar con Villarejo, que se vayan ampliando las cárceles, porque me da a mí que en este país lo raro ha sido no partir peras con esta u otras excrecencias policiales. Si ese es el umbral de lo criminal, la cuerda de presos va a ser larga y notable como una procesión de Semana Santa, pero lo más importante políticamente es que tendrá que estar encabezada por la que bebe de la copa del juez prevaricador.

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