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Cayetano González

¿A qué juega Ciudadanos?

¿No son conscientes los actuales dirigentes del partido naranja de que el tándem Sánchez-Iglesias está jugando con ellos?

Cayetano González
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¿No son conscientes los actuales dirigentes del partido naranja de que el tándem Sánchez-Iglesias está jugando con ellos?
Pedro Sánchez e Inés Arrimadas | Eduardo Parra (Europa Press)

Ciudadanos nació hace quince años en Cataluña con el objetivo de ser un muro de contención del independentismo y del nacionalismo todopoderoso que entonces representaba la Convergència i Unió de Jordi Pujol. Tres lustros después, este mismo partido está apoyando sin ningún rubor a un Gobierno, el de Sánchez-Iglesias, que tiene como prioridad la demolición del régimen constitucional, valiéndose para ello del apoyo no solo del referido nacionalismo catalán, sino del vasco del PNV y de los herederos políticos de ETA. ¿Alguno de los actuales dirigentes de Ciudadanos sería tan amable de explicar tamaño dislate?

Una de las peores cosas que le pueden pasar a un partido político es que se desdibuje de tal forma que acabe siendo irreconocible para todo el mundo, empezando por sus votantes. Y eso es lo que le está pasando a Ciudadanos. Por mucho que se esfuerce, en ausencia forzada de Arrimadas por su baja maternal, el otrora abogado del Estado purgado por el PSOE Edmundo Bal en explicar que lo que están haciendo es por el interés de los españoles y pensando en España, ese argumento es muy endeble, aunque se pueda salvar la buena intención de quien lo formula. En el fondo, lo que está haciendo Ciudadanos es apuntalar con su voto en el Congreso a un Gobierno social-comunista que tiene un proyecto político letal para España, para la libertad y para la igualdad de todos los españoles, empezando por los que viven en Cataluña.

¿Qué hace Ciudadanos en esa guerra? ¿No son conscientes los actuales dirigentes del partido naranja de que el tándem Sánchez-Iglesias está jugando con ellos, de que les está utilizando como coartada para intentar dar la imagen de que son muy transversales en sus acuerdos, para aislar al PP, y que cuando les interese les dejarán de lado?

Cada cual es muy libre de equivocarse, pero lo de Ciudadanos es de aurora boreal. Muchos le reprochan no haberse ofrecido hace un año a Sánchez para formar un Gobierno sin Podemos que hubiera tenido 180 escaños. Es verdad que Rivera se empecinó en el no, pero también lo es que muy probablemente el líder del PSOE hubiera rechazado ese ofrecimiento caso de haberse producido, porque su proyecto y sus preferencias estaban claras: Sánchez quería un Gobierno de coalición con Podemos, apoyado por los independentistas catalanes, los nacionalistas vascos y los herederos políticos de ETA, que es lo que exactamente ha sucedido.

Después, Ciudadanos pensó, otro error, que podía ser el sustituto del PP en el centro-derecha, hasta que los pésimos resultados de las elecciones del pasado mes de noviembre le sacaron de su ensimismamiento y se llevaron por delante a Rivera. Que ahora crea que apoyar a Sánchez-Iglesias le da una imagen de partido dialogante y pactista, y que con ello va a recuperar espacio electoral, es otro grave error. En la situación tan crucial que vive España, que empezó antes de la crisis provocada por el covid-19, no caben este tipo de veleidades por parte de partidos que deberían estar en la construcción de una alternativa al Gobierno social-comunista.

Ya se les quedó cara de tontos a los de Ciudadanos cuando hace unas semanas, el mismo día en que apoyaron una de las prórrogas del estado de alarma, Sánchez e Iglesias pactaron con Bildu la reforma laboral, sin que los naranjas supieran nada. Pero parece que eso no fue suficiente para que se cayeran del caballo. ¿Qué cara se les quedará cuando en julio se vuelva a reunir la mesa de negociación Gobierno de España-Gobierno de la Generalitat para avanzar en la negociación de una solución política para Cataluña? ¿Para esto nació Ciudadanos hace quince años? ¿No hay nadie dentro de ese partido capaz de poner fin a esta deriva? Si no lo hacen ellos, lo harán los electores en las urnas, cuyo veredicto suele ser bastante implacable con los partidos que hacen cosas que cuesta entender y que les desfiguran por completo.

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