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Cayetano González

Arzalluz y el zoco de Madrid

El PNV es un partido profundamente insolidario con el resto de España; entre otras razones, porque no consideran que España sea su patria.

Cayetano González
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El hecho, que no anécdota, lo vivió en primera persona el actual eurodiputado del PP Carlos Iturgaiz en 1996, en una reunión de la denominada Mesa de Ajuria-Enea, órgano en el que, bajo la presidencia del lehendakari Ardanza, se reunían todos los partidos vascos, salvo Batasuna, para consensuar y fijar la estrategia en la lucha contra ETA. Recuerda el entonces presidente del PP vasco que en una de esas reuniones Arzalluz le dijo textualmente:

Iturgaiz , no te olvides de que Madrid es un zoco donde todo se compra y todo se vende.

Me vinieron a la memoria esas palabras del otrora pope del PNV cuando la pasada semana, desde el Gobierno y la dirección del PP, no se disimuló en absoluto, todo lo contrario, la satisfacción por el acuerdo alcanzado con el PNV, por el que los cinco diputados que tiene este partido en el Congreso apoyarán los Presupuestos Generales del Estado. El problema es que ese apoyo nos ha costado a todos los españoles la friolera de 4.000 millones de euros –el voto de cada diputado del PNV cotiza a 800 millones–, entre rebajas del cupo vasco, inversiones en infraestructuras y otras menudencias.

Pero la imagen de zoco total que se ha dado a ese acuerdo con los nacionalistas vascos, y no digamos con lo que, visto lo visto, va a pedir el diputado de Nueva Canarias, da la razón al Arzalluz que pronunció esas palabras, en unos momentos –conviene recordarlo– en los que su partido y él personalmente vivían una especie de luna de miel con el PP de Aznar. Es decir, aquí, el que esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

Más allá de las consideraciones que puedan hacerse, que son muchas, sobre el agravio comparativo que supone para otras comunidades autónomas, lo más preocupante es la imagen de frivolidad, superficialidad y desconocimiento que transmiten los actuales dirigentes del PP, con Rajoy a la cabeza, sobre lo que es y significa el PNV en nuestra historia reciente.

El PNV, por mucho que ahora se alabe su sentido común al establecerse la comparación con la deriva soberanista de los nacionalistas catalanes, ha sido un partido profundamente desleal con la democracia española. Conviene recordar que la UCD, con Adolfo Suárez a la cabeza, decidió en la Transición ceder en la práctica todo el poder al PNV en la Comunidad Autónoma Vasca a cambio de dos cosas: que respetara el marco constitucional y estatutario y que ayudara en la lucha contra ETA.

Pasados cuarenta años desde aquel pacto no escrito entre Suárez y el PNV, el balance no puede ser más negativo desde la óptica de los intereses del Estado. El PNV no apoyó la Constitución, considera desde hace tiempo superado el Estatuto de Gernika; hace poco años se embarcó en la aventura soberanista con el Plan Ibarretxe y que se sepa no ha renunciado a sus ideales independentistas. Por si hubiera alguna duda respecto a esto último, transcribo textualmente el primero de los Principios Generales recogidos en los estatutos del PNV que fueron aprobados por la VI Asamblea General del partido, celebrada en Pamplona en febrero del pasado año:

Eusko Alderdi Jeltzalea-Partido Nacionalista Vasco, fundado por Sabino de Arana y Goiri, recibe su nombre del lema "Jaungoikoa eta lege zarra" (Dios y leyes viejas), expresión que conjuga una concepción trascendente de la existencia con la afirmación de la Nación Vasca, cuyo ser político ha de expresarse a partir de la recuperación de su soberanía nacional.

En cuanto a la colaboración que ha prestado el PNV en la lucha contra ETA, baste recordar que jamás ha apoyado ninguna de las medidas que, desde el Estado de Derecho, se tomaron para combatir a la banda terrorista; y cuando se produjo una reacción social sin precedentes tras el asesinato de Miguel Ángel Blanco,optó por abandonar el bando de los demócratas y se fue a Estella a pactar con ETA, entre otras cosas, la exclusión de los partidos constitucionalistas, PP y PSE, de las instituciones.

Por estos y otros motivos cuya explicación haría que este artículo fuera demasiado largo, sería deseable que Rajoy y los suyos se abstuvieran, o al menos moderaran, su obscena satisfacción por el acuerdo alcanzado con un partido que, como todos los nacionalistas, es profundamente insolidario con el resto de España; entre otras razones, porque no consideran a ésta su patria.

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