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Cayetano González

El temor del PNV

El temor peneuvista es que la relación PSOE-Bildu sea el preludio de un frente de izquierdas en el País Vasco integrado por el PSE, Bildu y Podemos.

El temor peneuvista es que la relación PSOE-Bildu sea el preludio de un frente de izquierdas en el País Vasco integrado por el PSE, Bildu y Podemos.
Arnaldo Otegi, cabecilla de Bildu. | EFE

Desde hace meses, el PNV está con la mosca detrás de la oreja, vistos los arrumacos de Sánchez con Bildu en el Congreso de los Diputados, donde el Presidente del Gobierno habla, negocia y pacta con los herederos políticos de ETA con toda tranquilidad.

El temor del PNV es que esa relación entre el PSOE y Bildu sea el preludio de la configuración de un frente de izquierdas en el País Vasco integrado por el PSE, Bildu y Podemos. Si tras las próximas elecciones autonómicas la suma de los tres partidos les diese para gobernar, ese sería el momento, piensan sus promotores, para echar al PNV del poder, donde ha asentado sus reales desde las primeras elecciones regionales (1980), con un breve paréntesis de tres años (2009-2012) en que el socialista Patxi López fue lehendakari con el apoyo del PP de Antonio Basagoiti.

En el proceso que Sánchez está sacando adelante desde que llegó a la Moncloa, gobernar con Bildu en el País Vasco y con ERC en Cataluña es algo que está en el guion. En Cataluña, la presión que metió Puigdemont a ERC tras las autonómicas de hace un año, que ganó el PSC, hizo que a los de Junqueras les temblaran las piernas y no se atrevieran a dar el paso de formar un Gobierno con los de Illa y Podemos, aunque los socialistas estuvieran incluso dispuestos a renunciar a la Presidencia de la Generalitat.

En el País Vasco la situación es más enrevesada, porque en unas elecciones autonómicas Bildu estaría muy por delante del PSE, de ahí que, si los números dieran para formar Gobierno, lo normal es que el lehendakari fuera el candidato de Bildu, es decir, Arnaldo Otegi. Sólo hay una circunstancia que pondría muy difícil esa entente, y es que, en las generales, que serían al menos seis meses antes (finales de 2023) que las vascas (verano de 2024), Sánchez no siguiera en la Moncloa y se produjera un cambio en el liderazgo del PSOE que conllevara un replanteamiento de las alianzas en las que se ha apoyado el actual presidente del Gobierno.

Por todo ello, el PNV está seriamente preocupado, ya que perder el poder sería un duro revés. Empiezan a circular algunos rumores de que en los próximos meses se emprenderá poco a poco un relevo generacional para rejuvenecer un partido que, a ojos de una parte de la sociedad vasca que vota en clave nacionalista, aparece como algo avejentado, sobre todo si se compara con Bildu (aunque ciertamente Otegi no sea un ejemplo de político joven).

Ese relevo generacional podría afectar tanto al candidato a la Lehendakaritza en las próximas elecciones –al parecer, Íñigo Urkullu no tiene intención de repetir, después comandar el Gobierno vasco desde 2012 y haber sufrido un serio desgaste en la gestión de la pandemia– como a la Presidencia del Euskadi Buru Batzar, ocupada en la actualidad por Andoni Ortuzar –que siempre ha sido uña y carne con Urkullu–; una bicefalia que normalmente –salvo el enfrentamiento entre Arzalluz y Garaikoetxea de los 80 del siglo pasado– ha funcionado muy bien.

En el PNV se han encendido todas las alarmas ante los posibles planes de Sánchez para un futuro no tan lejano y se han puesto manos a la obra. Lo grave para ellos no sólo sería perder el poder, sino hacerlo en favor de los hijos que un día se fueron de la casa del padre y siempre han sentido un profundo desprecio por el partido fundado por Sabino Arana.

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