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Cayetano González

En el día de Miguel Ángel Blanco

Los resultados electorales del domingo en el País Vasco confirman lo letal que fue el 'proceso' que inició Zapatero.

Cayetano González
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Los resultados electorales del domingo en el País Vasco confirman lo letal que fue el 'proceso' que inició Zapatero.
EFE

El 12 de julio de 2020, vigésimo tercer aniversario del asesinato de Miguel Ángel Blanco, 248.688 vascos, el 27,84% del censo electoral, votaron en las elecciones autonómicas a Bildu, es decir, a los herederos políticos de ETA, que no han condenado los crímenes de la banda terrorista. Con este resultado, Bildu se consolida como la segunda fuerza del País Vasco. Por contra, la formación en la que militaba Blanco obtuvo un muy mal resultado y sólo fue votada por 60.300 vascos (6,75%). Si a eso se añade que el partido que al poco tiempo del asesinato del joven concejal del PP se fue a Estella a pactar con ETA, el PNV, ha ganado con claridad las elecciones y podrá seguir al frente del Gobierno vasco, la pregunta es obligada: ¿qué se ha hecho mal, qué ha pasado, para que, veintitrés años después, se dé esta correlación de fuerzas en el País Vasco?

La respuesta no es sencilla. Por un lado, y quizás esta sea la razón de más calado, habría que buscarla en la grave enfermedad moral que sufre una parte importante de la sociedad vasca, debido a tantos años de terrorismo, de violencia, de mirar para otro lado, de justificar los crímenes de la banda con el inmoral "algo habrá hecho". Una enfermedad que tiene como síntomas claros el empeño en olvidar el pasado, no querer recordar la historia de terror vivida durante 50 años, o el deseo de pasar página cuanto antes, falsificando si es posible el relato de lo que verdaderamente sucedió: que hubo 857 víctimas, todas inocentes, porque hubo verdugos.

Junto a esta razón, los resultados electorales del domingo en el País Vasco confirman lo letal que fue el proceso que inició Zapatero –sí, el mismo con el que se reunió hace unas semanas el secretario general del PP– con su negociación política con ETA cuando llegó a la Moncloa en 2004. Un proceso que ha continuado en el tiempo y que ha heredado e impulsado Sánchez. Un proceso con dos actores principales, el PSOE y ETA-Bildu, y con actores secundarios que ayudan lo que pueden: ERC, PNV y Podemos.

Los resultados electorales tanto en el País Vasco como en Galicia confirman la letalidad de ese proceso. Siendo evidente que el gran triunfador del domingo fue el popular Alberto Núñez Feijóo, que ha obtenido su cuarta mayoría absoluta consecutiva, los otros tres grandes triunfadores fueron el PNV, Bildu y el BNG, que se convirtió en la segunda fuerza de Galicia. Por el contrario, el PSOE recibió un doble varapalo: en el País Vasco sólo creció un escaño, llegando a los diez diputados, y en Galicia también un mal resultado, pasando a ser la tercera fuerza política. Podemos ha sido barrido del mapa gallego y en el País Vasco ha perdido la mitad de los votos y escaños que tenía.

En cuanto a las fuerzas constitucionalistas en el País Vasco, su situación no puede ser más deprimente. El PP necesita urgentemente una reconstrucción de proyecto, de objetivos; recuperar el sentido de utilidad frente al nacionalismo. Desde 2008, en que María San Gil se vio obligada a irse a su casa, ha entrado en una espiral de autodestrucción tremenda. En las autonómicas de 2001 Jaime Mayor Oreja obtuvo 327.000 votos y 19 escaños. Ayer, el PP –y en eso que Carlos Iturgaiz no es ni mucho menos el principal culpable– sacó 60.000 votos y 5 escaños, aunque puede recuperar uno a costa de Bildu, cuando se contabilice el próximo viernes el voto del exterior.

Respecto a Vox, se puede entender su alegría por haber obtenido un escaño en el Parlamento vasco; pero saben, empezando por el propio Abascal, que eso es claramente insuficiente para la construcción de una alternativa al nacionalismo del PNV y al radicalismo de Bildu. En Ciudadanos deberían estar muy satisfechos por el regalo que les ha supuesto la coalición con el PP. Nunca alguien que aportaba tan poco había recibido tanto a cambio. ¿Qué harán en Cataluña?

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