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Navarra, ETA y el PSOE

Navarra ha sido siempre una pieza muy apetecida por los partidos nacionalistas vascos y por la propia ETA.

Cayetano González
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El tráfico diario e intenso de noticias –la mayoría relacionadas con casos de corrupción que afectan a la Jefatura del Estado, al partido en el Gobierno, al principal partido de la oposición, al partido que intenta gobernar en Cataluña, a la Junta de Andalucía, al sindicato de obediencia socialista y así un largo etcétera– logró que la pasada semana pasase prácticamente inadvertida la moción de censura que Bildu y Na-Bai presentaron en el Parlamento de Navarra contra la actual presidenta de la comunidad foral, Yolanda Barcina, de UPN. Al final la moción no prosperó porque el PP votó en contra y el Partido Socialista de Navarra se abstuvo, lo cual, conociendo la trayectoria de los socialistas navarros desde la transición democrática, no es garantía de nada.

Navarra ha sido siempre una pieza muy apetecida por los partidos nacionalistas vascos y por la propia ETA. El PNV eligió a finales de los setenta a un navarro, Carlos Garaikoetxea, como candidato a lehendakari, cargo que ocupó en la primera mitad de la década de los ochenta, hasta que la imposible convivencia entre él y Arzalluz acabó con su salida del PNV y la fundación de un partido, Eusko Alkartasuna, en la actualidad irrelevante pero que ha encontrado acomodo y oxígeno en la coalición Amaiur. En la elección que en su día hizo el PNV de Garaikoetxea como cartel electoral pesó y mucho su condición de navarro.

En cuanto a ETA, durante el proceso de negociación política que mantuvo con el Gobierno de Zapatero apostó fuerte –como quedó acreditado en los papeles de esas reuniones que se han conocido, incluso en lo que ha contado el principal interlocutor por parte del PSE, Jesús Eguiguren– para que los socialistas se comprometieran no sólo a impulsar el mecanismo de integración de Navarra en la Comunidad Autónoma Vasca previsto en la disposición transitoria cuarta de la Constitución, sino a que votaran a favor de esa integración en el hipotético referéndum que se tendría que llevar a cabo.

Por lo demás, durante los años inmediatamente posteriores a la transición democrática "Nafarroa Euskadi da" (Navarra es Euskadi) fue el grito que los sectores nacionalistas no se cansaban de corear en cualquier ocasión que se les presentase. Ya se sabe que la Euskadi idílica y pastoril de los nacionalistas está compuesta por siete territorios: los que integran la Comunidad Autónoma Vasca –Álava, Vizcaya y Guipúzcoa–, la Comunidad Foral de Navarra y los tres que se ubican en el Sur de Francia: Lapurdi, Baja Navarra y Zuberoa.

Ni ETA, ni su brazo político ni el resto de los partidos nacionalistas van a renunciar a Navarra. La denominada izquierda abertzale tiene una representación nada desdeñable en dicha comunidad, entre otros motivos porque ha sabido aglutinar en torno a sus siglas el voto nacionalista. El PNV es en el territorio foral un partido inexistente. En ese escenario electoral, el entendimiento entre el centro-derecha navarro, representado mayoritariamente por UPN y en menor medida por el PP, y el PSN es vital. No estamos ante una cuestión menor ni partidista. En todas las elecciones, las opciones políticas que defienden que Navarra siga siendo una comunidad foral, con su Amejoramiento del Fuero, han sido siempre mayoría, y eso a pesar de que hasta 1982 el PSOE defendió la integración de Navarra en Euskadi; de hecho, los socialitas navarros fueron hasta ese año parte orgánica del Partido Socialista de Euskadi. Eran los tiempos de un ilustre navarro de Tafalla, Carlos Solchaga.

De UPN y del PP no se puede dudar de que siempre defenderán una Navarra foral y española. Del PSN no se puede asegurar tal cosa. Su abstención de la pasada semana en la moción presentada por Bildu y Na-Bai contra Yolanda Barcina pone de manifiesto la estrechez de miras de un partido y de unos dirigentes absolutamente erráticos. Y lo mismo que en el País Vasco no es descartable pensar en una futura alianza del PSE con Bildu e IU, al estilo del nefasto tripartito catalán de hace unos años –PSC, ERC e ICV–, en Navarra tampoco se puede descartar que pudieran intentar algo similar con tal de desplazar al centro-derecha navarro del Gobierno de la comunidad foral. De ahí a ceder en las pretensiones anexionistas de ETA y de los nacionalistas habrá solo un paso. Y eso podrá suceder perfectamente con un "vasquito" –en expresión de Odón Elorza–, Madina o López, en la Secretaría General del PSOE.

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