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Corbyn y los mitos de la izquierda

La 'verdadera izquierda' cuenta con un nuevo héroe. Pero ¿es como lo pintan?

Cristina Losada
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Jeremy Corbyn | EFE

La verdadera izquierda cuenta con un nuevo héroe. La victoriosa derrota de Jeremy Corbyn en las elecciones británicas del día 8 se ha celebrado como un triunfo de la vuelta a las esencias izquierdistas o socialdemócratas, según quien fuera el celebrante, pervertidas años atrás por otro líder laborista: el Tony Blair de la Tercera Vía. Frente a los que diluyeron el auténtico mensaje de la izquierda, mimetizándose con el neoliberalismo; frente a quienes insisten en que hay que moverse hacia el centro para ganar elecciones, Corbyn habría demostrado que un partido socialdemócrata puede remontar con una plataforma de izquierda radical. Y que puede atraer con ella a los jóvenes, los que más han abandonado a los partidos socialdemócratas. ¡Fantástico!

La hazaña de Corbyn coincidió más o menos con el triunfo de Pedro Sánchez en las primarias del PSOE, de modo que aquí vino muy bien para apuntalar el giro a la izquierda de los socialistas y augurarle éxito, aunque para ello se obviara que los laboristas no tienen a un competidor como Podemos. En cualquier caso, antes de proclamar nuevos héroes y pronosticar éxitos a la izquierda que va de verdadera izquierda, quizá conviene evaluar si es correcta o no la premisa de partida. Si Corbyn y su programa representan un regreso a las esencias izquierdistas. O no.

El ensayista John Gray publicó hace poco, en The New Statesman, un artículo que ponía en duda esa visión de Corbyn como un izquierdista radical clásico, visión que toma arraigo en el pasado del líder laborista y que le permite aparecer como un político fiel a sí mismo, auténtico y profundamente honesto, pero que no corresponde tanto al presente ni seguramente refleja certeramente el ayer: la tendencia a simplificar para mitificar es peligrosa. En cualquier caso, Gray, lejos de ver en Corbyn a una suerte de recuperador de un pasado puro (puramente izquierdista), apreciaba en él una importante novedad. "Lo que es nuevo", decía Gray, "es la fusión que ha hecho Corbyn de la ideología izquierdista radical y una apelación sistemática a los intereses de la clase media" De ahí, el título del artículo: "Populismo laborista para las clases medias".

La prueba del algodón la encontraba Gray en un programa que incluía entre sus medidas estelares –y fue muy popular entre los jóvenes– la promesa de abolir las tasas estudiantiles, que era muy costosa, a la vez que rechazaba poner fin a la congelación de las ayudas sociales aprobada por los tories con el argumento de que era "prohibitivo". Como decía el ensayista, en lugar de plantear alternativas para los hijos de la clase trabajadora, que probablemente no lleguen a ir nunca a la universidad, Corbyn cortejó el voto juvenil de la clase media. Con éxito, hay que decir.

La idea más interesante de Gray sobre el laborismo corbyniano era, sin embargo, otra. Y es que consideraba que ese populismo para las clases medias que ofrece ahora el laborismo es, en realidad, una consecuencia imprevista de la modernización del partido que hizo Blair y continuó Gordon Brown. Imprevista e indeseada. Lo que se propuso Blair fue ensanchar la base electoral del partido, hacerlo atractivo más allá de la clase trabajadora, cosa que funcionó hasta la crisis económica. Pero ahora el aburguesamiento del laborismo que empezó con Blair, su alejamiento de la clase obrera, por decirlo de otro modo, ha sido la base para el híbrido que ha pergeñado Corbyn. El legado blairista, que tan poco tiene que ver con la izquierda auténtica, según los puristas, lo ha continuado Corbyn, encarrilándolo por otras vías.

Antes de dar por hecho que la pureza ideológica izquierdista ha aprobado con nota el test electoral en el Reino Unido, y que esto marca el camino a otros socialdemócratas atribulados, hay que dar al menos unas vueltas a esa hipótesis. Ponerla en cuarentena. Bien puede tener razón Gray y lo que le permitido a Corbyn revertir el declive no es ningún programa de clase, ni ninguna alternativa para los habitantes de antiguas zonas industriales hoy económicamente devastadas (eso iba en el proyecto de May), sino "un populismo para las clases medias que sirve a las necesidades materiales y psicológicas de los relativamente prósperos y adinerados". Pero si algunos prefieren seguir creyendo en héroes y mitos, puros y duros, bueno, allá ellos.

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