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Cristina Losada

El separatismo es un asunto interno… de Europa

Europa tiene un problema. Hay varios Estados miembros de la UE que encaran movimientos separatistas, pero no hay una política común frente a ellos.

Cristina Losada
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Europa tiene un problema. Hay varios Estados miembros de la UE que encaran movimientos separatistas, pero no hay una política común frente a ellos.

Al ministro de Exteriores de España le acaban de entrevistar en el Financial Times, donde le preguntaron, cómo no, por el caso de Escocia. Esto ocurre continuamente, o sea, ya ha sucedido otras veces, de manera que como otras veces las palabras de Margallo serán interpretadas y utilizadas tanto por los partidarios de la secesión escocesa como por sus oponentes. Y no sólo. Porque también el nacionalismo catalán está a la declaración que salta para usarla, convenientemente pulida y engarzada, en su propio beneficio. Así que han de andar con pies de plomo los ministros y los que no son ministros, miren el lío en que se han metido Los Morancos, si no quieren proporcionar munición para esta drôle de guerre.

A diferencia de Los Morancos, que hablaron a bote pronto, el ministro Margallo ha de llevar pensado lo que va a decir, y dijo una cosa sobre Escocia que suena a pequeña y merecida estocada a David Cameron. Esto es, que si Escocia se independiza en virtud de un procedimiento legal e institucional, y pide su ingreso en la Unión Europea, "la solicitud puede ser considerada". Puesto en titulares -de medios escoceses-, Margallo dijo que España no vetaría el ingreso en la UE de una hipotética Escocia independiente, muy hipotética a tenor de los sondeos.

Eso, naturalmente, no le gustará a Cameron. Pero tampoco se preocupó el inquilino del 10 de Downing Street por los efectos que tenía para España su aceptación del referéndum escocés. Pues siendo cierto que los casos de Escocia y Cataluña son distintos, y el orden constitucional del Reino Unido y el de España diferentes, el referéndum que pactó Cameron ha servido, velis nolis, a la causa del separatismo catalán. Aunque sólo sea para construir el sofisma de que los británicos son demócratas porque dejan votar mientras que los españoles son autoritarios por no permitir que los catalanes voten.

Más allá de las guerritas declarativas, Europa tiene un problema. Hay varios Estados miembros de la UE que encaran movimientos separatistas, pero no hay una política común frente a ellos. El recordatorio de que si un territorio se separa deja de estar automáticamente en la UE y ha de ponerse a la cola no es una respuesta política ante un fenómeno que amenaza los propios fundamentos del proyecto europeo. Porque si Europa acepta que el nacionalismo identitario destruya las naciones que se fundan en la ciudadanía, no en la identidad, Europa se destruirá a sí misma.

Los dirigentes europeos, los ministros, como también hacía Margallo, se refugian en la cómoda muletilla de que la forma de afrontar esos procesos es "asunto interno" de cada Estado. Se equivocan. Los procesos secesionistas son asunto interno, sí, pero del conjunto de Europa. No en vano la última guerra que se vio en suelo europeo fue la causada por el estallido de Yugoslavia, es decir, por el nacionalismo. Una guerra que la entonces Comunidad Europea fue incapaz de evitar, que dejó cientos de miles de muertos, y que, en fin, fue un asunto tan interno que la OTAN bombardeó Belgrado.

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