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Cristina Losada

En busca de la raíz del terrorismo, nos perdemos

Cuanto más se pone el acento en los males de la sociedad como raíz del terrorismo, más se justifica y legitima a los terroristas.

Cristina Losada
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Cuanto más se pone el acento en los males de la sociedad como raíz del terrorismo, más se justifica y legitima a los terroristas.

No hay ningún Clausewitz ni ningún Maquiavelo que pueda servirnos de guía en el campo del terrorismo y del contraterrorismo, decía Walter Laqueur en la introducción que escribió tras el 11-S para la reedición de su obra Una historia del terrorismo. Sin embargo, después de atentados terribles y traumáticos suelen aparecer guías que se ofrecen a llevarnos a la raíz del problema y siempre acaban por conducirnos al mismo sitio: a una raíz nutrida por algún conflicto o alguna injusticia existentes en la sociedad. Abórdense los agravios que están en la raíz, dicen, porque sólo así podremos acabar con esas reacciones violentas.

Las masacres en Charlie Hebdo y en el supermercado judío de París han puesto en marcha de nuevo esa exploración en busca de la raíz, cuyo resultado ya conocen de antemano quienes la emprenden, y en realidad todo el mundo. Porque estos zahoríes han encontrado que en la sociedad francesa hay tensiones, exclusiones y fallos del modelo social y de integración. Bien, ¿y dónde no? Aunque es indudable que esos problemas existen, es muy dudosa, por no decir engañosa, la relación causa-efecto que se pretende establecer.

El surgimiento de fenómenos terroristas no es un medidor de los defectos de una sociedad, igual que la ausencia de terrorismo no sirve como indicador de sus virtudes. En los años setenta había terroristas en Alemania, los de la Rote Armee Fraktion, pero no había ninguno en la Unión Soviética, que en cambio prestaba apoyo a esa y otras bandas. No suele haber grupos terroristas en las dictaduras más férreas, y esto no significa de ningún modo que su modelo político, social y económico sea mejor que el de las democracias donde los hay o los hubo.

Lo dice así Laqueur en el libro citado:

Se cree que el terrorismo aparece allí donde las personas tienen legítimos y verdaderos motivos de queja. Si se eliminan los agravios y la pobreza, la desigualdad, la injusticia y la falta de participación política, el terror cesará. Estos sentimientos son loables y todos los hombres y mujeres de buena voluntad los comparten. Como remedio contra el terrorismo resultan no obstante de un valor limitado: tal como muestra la experiencia, las sociedades con una participación política mínima y una injusticia máxima son las que se ven más libres del terrorismo en la actualidad. (…) Por muy democrática que sea una sociedad, por muy próximas que estén las instituciones sociales de la perfección, siempre existirán personas desafectas y alienadas que afirmen que el actual estado de cosas resulta intolerable, y siempre existirán personas agresivas más interesadas en la violencia que en la libertad y la justicia.

Cuando el terrorismo yihadista se incuba en el seno de una sociedad como la francesa, aunque podía ser cualquier otra similar, se cree topar la raíz en la exclusión social, en el racismo, en las crisis de identidad y en los fallos en la integración, y se proponen esfuerzos por resolver o mitigar esos problemas. Tales esfuerzos nunca sobran, pero no conviene engañarse respecto a su eficacia en la erradicación del terror. Sin olvidar que cuanto más se pone el acento en los males de la sociedad como raíz del terrorismo, más se justifica y legitima a los terroristas. Y no sólo eso. Porque la obsesión con la raíz social hace que se pierda de vista una primordial raíz nutricia del terrorismo: esa trama de incitación, apoyo y financiación que es posible y necesario desbaratar.

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