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La carta de Mas a los Reyes Magos

Esta "internacionalización del conflicto" tiene, de momento, una ambición menor, aunque no del todo desdeñable, que es la de presionar al Gobierno de España.

Cristina Losada
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En Fin de Año, Artur Mas sorprendió con un discurso en el que dijo que "el pueblo catalán prefiere gobernarse a ser gobernado", tal y como si él no fuera presidente de la Generalidad, sino un partisano huido a las montañas que lucha por la libertad de un pueblo oprimido. Pero siempre hay una sorpresa más de Mas. Ahora hemos sabido que ha escrito una carta a los Reyes Magos y que en su caso no son tres, sino varias decenas. A los 27 líderes de la Unión Europa y a los ministros de Exteriores de una veintena de países les ha remitido una lista de deseos, que va entreverada de un certificado de buena conducta: soy dialogante; el referéndum se puede hacer legalmente y nada menos que por cinco vías; agotaré las posibilidades de acuerdo con Madrid; amo a Europa; ¿qué más se me puede pedir?

El tono de la carta indica que Mas ha hecho caso a sus asesores, que le recomendaron muy vivamente que dejara de hacer hincapié en el agravio económico, en el "España nos roba", no fueran a tomarse en Europa esta pulsión separatista por una pataleta de ricos insolidarios, al estilo de la italiana Liga Norte. Ninguna mención, pues, al vil metal, al maltrato fiscal y al expolio con los que ha dado tanta guerra. El único detalle materialista de la misiva a Sus Majestades es para asegurar que una Cataluña independiente no sería una carga para la UE, sino al revés, un contribuyente neto. Por lo demás, todo es limpio anhelo de libertad y el referéndum es un mandato del pueblo que sus líderes no podrían desoír aunque quisieran. Un mandato que ha surgido, por así decirlo, espontánea y libremente, qué vamos a hacerle.

La campaña por "internacionalizar el conflicto", como se dice en lenguaje batasuno, deja al desnudo el punto más débil de la aventura secesionista de Más y compañía. Sin algún apoyo internacional, esto es, sin el reconocimiento de un Estado de peso, esa aventura está condenada. Ni siquiera la declaración unilateral de independencia con la que meten miedo –cuidado, que si no autorizan la consulta el de Esquerra saldrá al balcón– sería otra cosa que un trozo de papel, una proclama inocua, una baladronada. Aunque tendría, naturalmente, consecuencias para los que la hicieran, ya que habrían infringido la ley.

Lo avisó no ha mucho el catedrático Francesc Ganell, director general honorario de la Comisión Europea, miembro de la Real Academia de Ciencias Económicas, poseedor de la Creu de Sant Jordi y el primer jefe que tuvo Artur Mas en la Generalidad. Tras señalar que su antiguo subordinado no tenía aliados en Europa ni el mundo para la causa de un Estado propio, definió cuál sería el destino de un Estado catalán independiente, si llegaba. Será, dijo, un Estado fallido como Somalilandia.

Claro que esta "internacionalización del conflicto" tiene, de momento, una ambición menor, aunque no del todo desdeñable, que es la de presionar al Gobierno de España. Es en Madrit donde deposita Mas sus esperanzas y es Madrit, en realidad, el destino de esta carta suya a los Reyes Magos de Europa. Decía Tarradellas que en política se puede hacer cualquier cosa menos el ridículo. Artur Mas no tomó nota.

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