Menú
Cristina Losada

Las trolas del "Sí, se puede"

Una crisis como ésta ofrece terreno abonado para que el 'agit-prop' cobre dimensiones de escándalo.

Cristina Losada
0
Una crisis como ésta ofrece terreno abonado para que el 'agit-prop' cobre dimensiones de escándalo.

El activismo de hoy en día ha dado en imitar el "Yes, we can" de Obama. Un lema electoral ha devenido en mensaje de cualquier manifestación que se precie. "Sí, se puede", gritan. Esto desprende un tufillo a manual de autoayuda. Al mantra de que "si uno quiere, puede". Que es seguramente un buen consejo para insuflar confianza en uno mismo, pero que fuera de ahí conviene tomar con pinzas. En economía y en política ni todo querer es poder ni todo poder es omnímodo. Es más, hay problemas que no se pueden resolver: a lo sumo pueden parchearse. Benditos sean los denostados parches.

Nuestros activistas apelan a la voluntad para denunciar la falta de voluntad. Como si creyeran que los problemas económicos se solventan de un plumazo si los gobernantes quieren. La premisa subyacente es que la crisis es una suerte de conspiración de los poderosos para quitar derechos, bajar sueldos y jorobar a la gente. Por ahí va una de sus consignas preferidas: "No es una crisis, es una estafa". Ciertamente, ha habido estafas. Como las ha habido siempre. Pero la crisis existe. Peor aún: es endiabladamente compleja porque intervienen factores que escapan al control de los Gobiernos. Zygmunt Bauman acaba de escribir que la crisis actual se distingue de las precedentes en que tiene lugar en una situación de divorcio entre el poder (capacidad para realizar las cosas) y la política (capacidad para decidir qué cosas son prioritarias).

Cuando escucho lo de "Sí, se puede", pienso de inmediato en todo lo que no se puede. Lo admito, no soporto el voluntarismo en política. Se me asocia a El triunfo de la voluntad, una película de Leni Riefensthal, paradigma de la propaganda nazi. La maldita propaganda. He ahí una de las cosas que sí se pueden hacer y se hacen continuamente. Una crisis como ésta ofrece terreno abonado para que el agit-prop cobre dimensiones de escándalo. Ahí tenemos el caso de los desahucios. Los del "Sí, se puede" han hecho creer a la opinión pública que la banca, con el plácet del Gobierno, había dejado de patitas en la calle a cientos de miles de familias. La literatura del drama social, la bomba social y los criminales sociales estaba servida. Todo ello sin que hubiera un dato fiable sobre el número de desahucios.

El Consejo General del Poder Judicial alimentó el bulo, por afán de poner a los jueces en el lado de los buenos. El Gobierno prefirió ceder un poquito a la presión social en lugar de desenmascararlo. Finalmente, el Banco de España ha revelado cuál es el alcance del drama. Porque dramático es, sin duda, para aquellos que no pueden pagar su hipoteca y tienen que dejar la casa. Pero la cantidad también importa. No es lo mismo, como sabemos, tener seis millones de parados que tres millones. Los datos reunidos por el Banco de España indican que en 2012 los lanzamientos forzosos afectaron a 14.165 viviendas habituales. De ellas, sólo 2.405 estaban ocupadas cuando se produjo el desahucio. La fuerza pública intervino en 335 casos.

Este acotamiento del problema a su dimensión real no ha tenido ni tendrá la visibilidad pública que se concede a las acciones del grupo de Ada Colau. La propaganda funciona como las bolas de nieve. Si no se la detiene a tiempo, sigue engordando. Más en estas condiciones. El público desconfía de las instituciones y cree los bulos.

En España

    0
    comentarios

    Servicios