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Cristina Losada

Los burócratas de Bruselas

No son burócratas y tecnócratas los que deciden el curso de la política. Es absurdo cargarles con el mochuelo.

Cristina Losada
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El otro día, al final de una conferencia sobre el Brexit que hicimos en Vigo, uno de los asistentes, que era amigo, tomó la palabra para explicar por qué creía que los británicos habían tomado una buena decisión. Tan buena era que nosotros, los españoles, debíamos de imitarlos. El meollo de su argumento se asentaba en el rechazo a la burocracia de Bruselas: ese elefantiásico aparato que haría de la Unión Europea un odioso Leviatán que se inmiscuye en nuestras vidas y no le rinde cuentas a nadie. No es noticia que los burócratas de Bruselas son una especie ampliamente detestada. Cada vez que se habla de la UE, salen a relucir esas criaturas de la oscuridad como si fueran ellas las causantes de los problemas.

Lo interesante del rechazo a la burocracia europea es que viene de ambos lados del espectro político. Es una de las pocas cosas en común que, en relación a la política europea, puede tener alguien de derechas con alguien de izquierdas. Más de derechas o de izquierdas que de centro, pongamos para precisar coordenadas. Un conservador británico partidario del Brexit está cien por cien contra los burócratas de Bruselas que producen absurdas directrices en sus despachos y menoscaban la soberanía de su país. Un izquierdista francés, griego o español está cien por cien contra los burócratas de Bruselas que toman decisiones en los despachos a espaldas del pueblo y la gente. Desde el ala izquierda, la impugnación de la UE va unida a la idea de que padece un grave déficit democrático. Hágase más democrática, dicen, y su política será… la que nosotros queremos.

Si la UE tiene o no un déficit democrático es un asunto que se puede discutir, igual que el modo de corregirlo. Pero la idea de que la política europea, en especial, durante la crisis económica, es producto de ese déficit democrático está equivocada. Tal como se le recordó al gobierno de Syriza en aquel tenso período que estuvo en un tris de llevarse por delante al euro, no sólo él tenía el respaldo de los votantes: lo tenían todos los demás gobiernos. Hay, lo sabemos, quienes piensan que una democracia sólo es una democracia cuando gobiernan ellos. Pero eso, además, de falso, demuestra una inquietante mentalidad antidemocrática.

Oponerse a las políticas de austeridad que marcaron la respuesta de la UE a la crisis es legítimo, pero hacen trampas quienes las vinculan a una conspiración no democrática. Si en la UE han dominado las recetas del centroderecha es porque esa familia política ha sido mayoritaria en el ámbito europeo. Por decisión del electorado. Un artículo reciente de dos miembros de la Fundación Hans-Böckler, vinculada a la Confederación de Sindicatos Alemanes, ofrecía datos relevantes. Por ejemplo: de las diez Comisiones Europeas que ha habido desde 1977, sólo una tuvo una clara mayoría de centroizquierda, mientras que siete fueron de mayoría de centroderecha (PPE, ALDE). La composición de la Comisión Europea refleja los resultados electorales en los Estados miembros. El caso es que, tal como decían los autores, las políticas de centroderecha "no las ha impuesto, contra la voluntad popular, una tecnocracia no elegida". Son las políticas por las que han votado los europeos en la mayoría de las ocasiones.

Tecnócratas y burócratas son fáciles de presentar como antipáticos villanos (aunque es curioso cuando eso se escucha en España, donde tantos desean ser funcionarios). Pero no se puede reducir la UE a su aparato burocrático que, en proporción, es menor que el de cualquier Estado. No son burócratas y tecnócratas los que deciden el curso de la política. Es absurdo cargarles con el mochuelo. De hecho, no hacemos lo mismo cuando nos trasladamos al plano nacional. Ahí, no responsabilizamos de los problemas del país a los funcionarios, a los burócratas. Apuntamos a los gobernantes, a los políticos. Pues eso.

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