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Cristina Losada

Los ministros evitarán opinar

Este protocolo, más que un contrato meticuloso y maníaco, se prefigura como un protocolo de duelo. Duelo de titanes, no. Pero duelo de pillos.

Cristina Losada
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Este protocolo, más que un contrato meticuloso y maníaco, se prefigura como un protocolo de duelo. Duelo de titanes, no. Pero duelo de pillos.
Pedro Sánchez y su aliado comunista, Pablo Iglesias | EFE

La actual gran coalición alemana está basada en un contrato que ocupa 175 páginas. El modo de funcionamiento de la coalición, incluido en el acuerdo, se ventila en una página, la última. Contrastemos ahora, y sólo por deporte, ese par de datos con los de nuestro primer Gobierno de coalición. Acuerdo: 50 páginas (tirando por lo alto). Protocolo de funcionamiento, presentado aparte: 5 páginas. Les bastaron cincuenta folios para garabatear una especie de programa de Gobierno, pero necesitaron cinco para definir sus reglas internas. Si los alemanes, conservadores y socialdemócratas, se las arreglaban con una página, no es necesariamente por su mayor capacidad de síntesis. Es porque la lealtad la dan por sentada. Es porque la confianza mutua también. Es, en definitiva, porque no necesitan poner en el segundo punto del protocolo, como aquí, que la acción de Gobierno respetará la Constitución y el resto del ordenamiento jurídico.

A la gran coalición alemana no se le ocurrió remarcar, en sus breves normas de trabajo, que iba a respetar la Ley Fundamental y las leyes, en general. Es lo absolutamente básico. No hace falta decir, en un documento de ese tipo, que el Gobierno, en un Estado de Derecho, va a mantenerse dentro de la Constitución. Como no hace falta decir que no va a saltarse el Código Penal. Porque si hay que decirlo es que pasa algo raro. Raro. Y si lo que pretendían nuestros coaligados era colocar el artículo 98 de la Constitución, el que dice que quien dirige el Gobierno es su presidente, mal hecho. De ser así, volveríamos a la desconfianza, que va a ser el temazo de esta coalición, y se trataba de que Pablo aceptara por escrito que es Pedro el que manda en el Gobierno. Aunque la pregunta, que se ve venir, será: ¿en cuál?

La impresión de que serán dos se hace certeza cuando se lee el punto C. Sería bonito que fuera el G, pero es el C. Y el D. Ahí se dice, retorcidamente, que los partidos de la coalición podrán votar de forma distinta en el Parlamento. Podrán hacerlo en asuntos que no estén incluidos en el programa gubernamental. Bastará con que se avisen previamente: eh, vamos a votar en contra de lo que proponéis. A veces, tratarán de que sus posiciones no sean tan contradictorias.

Este margen para la competencia, este margen para el choque y las hostilidades, tenía sentido en Portugal –de donde lo habrán copiado–, porque allí los equivalentes a Podemos apoyaban al Gobierno socialista desde fuera. Desde fuera. Aquí están dentro. Y van a votar diferente en el Parlamento. Por supuesto, en la gran coalición alemana rige la regla contraria: los grupos parlamentarios de los socios votarán siempre de forma unificada; nada de "mayorías cambiantes", dice. Pero sólo son alemanes y sólo llevan años haciendo grandes coaliciones.

Es sorprendente que el protocolo de nuestros socios tenga que incluir un compromiso de máxima discreción. Hay que ponerlo por escrito para que no vayan a contar por ahí todo lo que se habla en los Consejos de Ministros. A los alemanes tampoco se les ocurrió esta cláusula; la dan por sentada, no hace falta ni decirlo. Qué maravilla cuando la gente que llega a los Gobiernos sabe que tiene que respetar la ley. Y sabe que no puede ir difundiendo por los corrillos –¡o en los platós y las redes sociales!– el contenido de una negociación gubernamental. Pero aquí estamos empezando: lo están PSOE y Podemos. Se miran de reojo, se toman la medida, se adivinan las puñaladas por venir, y así este protocolo, más que un contrato meticuloso y maníaco, como los de Sheldon Cooper en Big Bang, se prefigura como un protocolo de duelo. Duelo de titanes, no. Pero duelo de pillos. Y, al cabo de unos cuantos lances, posiblemente el duelo que acompañe al entierro del experimento.

Comisiones permanentes aparte, siempre encantadoras, lo mejor de este reglamento y de su desordenada disciplina es una norma que dice: los ministros evitarán opinar. Lástima que hayan tenido que alargarla, en lugar de dejarla tal cual. Era perfecta.

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