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Cristina Losada

No es lo mismo

Muchos se esfuerzan en impartir que no es lo mismo robar que robar, porque depende de quién lo haga.

Cristina Losada
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Muchos se esfuerzan en impartir que no es lo mismo robar que robar, porque depende de quién lo haga.
EFE

Quién quiera hacerse una idea de las razones por las que la corrupción política fue, es y será uno de esos problemas de difícil solución que hay en España no tiene más que fijarse en las reacciones a la sentencia de los ERE. A la vista de las que ha suscitado entre los más cercanos políticamente a los condenados, no está claro siquiera que la trama juzgada la organizara un partido. A la pregunta de si esa forma de latrocinio de dinero público la diseñó el PSOE, su secretario de Organización responderá que no. No es "un caso del PSOE, sino de antiguos responsables públicos de la Junta". Antiguos, andaluces, sin carné desde hace tiempo y, de hecho, sin partido. Será por eso que algunos medios omitían las siglas del PSOE de sus noticias o editoriales sobre la sentencia.

La minucia de que Chaves y Griñán fueran en algún momento presidentes del PSOE queda relegada al desván de las antiguallas y el caso, en conjunto, estrictamente limitado a un territorio. Para ocasiones como ésta es perfecto tener un partido federal. Como el PP no es nominalmente federal, no pudo decir en su momento que la Gürtel era un caso circunscrito a Pozuelo, Majadahonda y alguna otra localidad. ¿O lo dijo? Sea como fuere, ahora, sí, el PSOE levanta muros y fronteras para evitar la entrada y la intrusión de las repercusiones políticas. Con concertinas, incluso. Y hasta es posible que Ferraz ordene la deportación en caliente de Susana Díaz, porque no hay mal que por bien no venga.

Allí, en el territorio afectado y alambrado por la organización nacional, el encargado de comparecer en público dio uno de los argumentos clave de este asunto. Los condenados no se enriquecieron: "No se han llevado ni un euro al bolsillo". Parece que alguno se llevaba los euros a la nariz en forma de cocaína, pero todavía es un supuesto y tampoco es lo mismo. Eso, ante todo. "No es lo mismo que Gürtel", repiten políticos y periodistas. Acaban de descubrir que no todos los casos de corrupción son iguales, y hay que celebrar que, por una vez, entren en los detalles. Pero lo que quieren decir y, además, lo dicen es que son peores, mucho peores, los trapos sucios del partido contrario. Con lo que aparcamos la celebración para otro año.

Por aquello de que los condenados de más renombre no se llevaron un euro al bolsillo, los que ya no tienen mucho que perder defienden su "honorabilidad". "Mantenemos la defensa de la honorabilidad de los expresidentes de la Junta", dijo el secretario del PSOE (¿o no es el PSOE?) andaluz. Defendió también la honorabilidad José Bono, que ahora sólo quiere vender su libro, y aun puso, a la antigua usanza, las manos en el fuego. Dio otra clave importante: no hay financiación ilegal, por lo tanto, no es lo mismo. En efecto, no es lo mismo la financiación ilegal de un partido que el reparto ilegal de dinero público para premiar a los elegidos por el partido. En otras palabras, para mantener redes clientelares. Y en la prensa de izquierdas están ahora convencidos de que el clientelismo no es tan malo como solían decir.

Muchos se esfuerzan en impartir que no es lo mismo robar que robar, porque depende de quién lo haga. Sin contar con que la trama de los ERE, que en El País describían como "un sistema heterodoxo de agilización de pagos", tenía su sentido social. Y el fin social justifica que los medios se desvíen por el camino. Pero después de tantas justificaciones, de tantas adversativas, de tantos no es lo mismo, lo que se entiende es que la corrupción política, siempre condenada por todos, siempre encuentra justificación de parte. Y que, por eso, persistirá.

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