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Otegi y el separatismo catalán, en paralelo

El independentismo catalán no rehuye la vinculación con alguien cuya principal función fue la de ejecutar la estrategia de una organización terrorista.

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@ArnaldoOtegi

La sentencia de Estrasburgo sobre falta de imparcialidad en un juicio contra Otegi es, si bien se mira, una sentencia española. Los jueces del Tribunal Europeo de Derechos Humanos basan su decisión en la que tomó en su día el Tribunal Supremo para declarar nulo un juicio anterior contra Otegi por unas palabras que pronunció durante la vista oral la magistrada Ángela Murillo ("Ya sabía yo que no me iba a contestar a esa pregunta"). Por eso está lejos de representar el tremendo rapapolvo que ven los deslegitimadores habituales de la Justicia y la democracia españolas. Habituales y selectivos. Sólo atacan al Poder Judicial cuando las sentencias no son como quieren que sean. Y no impulsados por un deseo de conseguir una Justicia mejor y más independiente, sino porque tienen en el punto de mira a las instituciones que no se doblegan a sus designios.

Estrasburgo se ha apoyado en aquella sentencia del Supremo para después, digamos, rizar el rizo. Lo ha rizado con otra sentencia española: la que absolvió a Otegi en la repetición del juicio anulado. Esa absolución, dicen los de Estrasburgo, contribuye a que hubiera "un temor legítimo a una falta de imparcialidad" en el siguiente, dado que también lo presidió Murillo. Es un rizado discutible, pero el caso es que la pretendida lección de Estraburgo a España se sostiene en dos sentencias españolas. De modo que lecciones, pocas. Igual que son pocas, en general, las lecciones que ha recibido nuestro país desde ese tribunal si se compara con otras democracias de Europa.

La sentencia ha confirmado algo muy distinto de lo que pregonan los habituales. Entre los que han saludado jubilosos el dictamen están los separatistas catalanes. Y lo han hecho en unos términos tan amistosos hacia el batasuno que han confirmado los lazos que los unen. El eurodiputado de ERC, Terricabras, acompañó a Otegi en su comparecencia ante los medios en Bruselas. El presidente de la Generalitat, Quim Torra, escribió que estaba "muy satisfecho de que Estrasburgo le haya dado la razón a Arnaldo Otegi". Y la portavoz del Gobierno catalán, Elsa Artadi, ha visto "paralelismos" entre el caso de Otegi y el del procés. El independentismo catalán no rehuye la vinculación con alguien cuya principal función fue la de ejecutar la estrategia de una organización terrorista. Al revés, presume de esos lazos. Habla, incluso, de paralelismos.

De las buenas vibraciones entre Otegi y el separatismo catalán ya se tenía noticia. Fue invitado de honor a la Diada, donde los manifestantes le abrazaban y le pedían fotos, y ha sido invitado estrella en TV3. Pero aquella abyecta admiración hacia un hombre que representa el legado de ETA y su historial no era cosa de una Diada ni de los platós de TV3, donde es notorio que se trata con exquisita cortesía a antiguos terroristas nacionalistas. Es más que una anécdota, y más profundo. Quienes, durante largo tiempo, vieron en el nacionalismo catalán un ejemplo de moderación y una incompatibilidad medular con la violencia se habrán sorprendido de que el independentismo adoptara a Otegi como uno de sus héroes. Pero es coherente con el elenco de héroes que ha extraído de su pasado más violento, como los hermanos Badía o Daniel Cardona. El propio Torra es uno de los que ha recuperado a aquellos pistoleros filofascistas como "pioneros de la independencia" y ha ensalzado su audacia, su intransigencia y su dedicación a "un ideal".

Los lazos se han estrechado. A Otegi lo adoptaron como héroe y ya le dan trato de compañero de viaje. Siguiendo el paralelismo que invoca Artadi, habrá que preguntarles a los independentistas si se negarían a responder, como hizo el batasuno en aquel juicio, cuando la magistrada Murillo le preguntó si condenaba a ETA.

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