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Otro día hablaremos del programa

Quienes pensaran que Ciudadanos era un hermano de leche del PP y Podemos un hermano pequeño y revoltoso del PSOE se equivocaban.

Cristina Losada
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A día de hoy, sólo hay un núcleo de programa de gobierno que defienda más de un partido, y es el acordado entre PSOE y Ciudadanos. Con sus defectos y sus lagunas, se trata de la única propuesta pactada que contiene medidas políticas concretas para vertebrar la actuación de un gobierno. Sin embargo, no es ese esbozo programático el que está en el candelero del debate político para la formación de gobierno en España. Tampoco ningún otro, en realidad. La discusión se centra en quién pacta o no pacta con quién, igual que al día siguiente de las elecciones. No exactamente igual, claro, porque a medida que se acerca la hora de la verdad cobran mayor importancia el coste y su reparto: quiénes se llevarán más culpa por la falta de acuerdo y la repetición de elecciones.

El bipartidismo, que resistía en España como en pocos países de Europa, se quebró aquí en unos fragmentos difíciles de pegar en coaliciones de cierta homogeneidad ideológica. Al margen de que fuera o no conveniente tal cosa, resulta que no es fácil componer con los pedazos que salieron de las urnas un nuevo bipartidismo internamente desdoblado: uno en el que PP y C’s, por un lado, y PSOE y Podemos, por otro, serían las alianzas naturales. Quizá imaginaran los votantes que abandonaron al PP y al PSOE por los partidos emergentes que ese sería el resultado de su infidelidad: un PP marcado y corregido por Ciudadanos y un PSOE marcado y corregido por Podemos. Pero esas asociaciones aparentemente naturales o no suman o no prestan. Quienes pensaran que Ciudadanos era un hermano de leche del PP y Podemos un hermano pequeño y revoltoso del PSOE se equivocaban.

Una cosa es que el bipartidismo se haya roto, y otra que haya desaparecido la mentalidad del bipartidismo. De ahí que algunos partidos traten de encajar la realidad fragmentada en el lecho de Procusto de la ideología. Es el caso de Podemos, con su insistencia en un gobierno netamente de izquierdas. Se trata, como es norma en la política de ese partido, de una vía instrumental, de una herramienta, como les gusta decir a sus dirigentes, para hacer un butrón más grande en el electorado del PSOE y robarle todo su tesoro: el protagonismo en el campo de la izquierda. Conscientes de ello, los socialistas se resisten a la sociedad limitada en la que quieren meterles los podemitas. Los podemitas y el PP, que ha estado anunciando el inminente pacto entre PSOE y Podemos, y lo ha dado por hecho, preparado y oculto, varias veces.

Es fascinante la discusión sobre quién pacta con quién, y acerca de si al final, antes de que suene la campana, algún partido cambiará de posición y permitirá que se forme un Gobierno. Debe de serlo, pues corren ríos de tinta al respecto. No se aprecia el mismo interés, en cambio, en hablar de cómo se podrían combinar las propuestas políticas. Si acaso, importa identificar si tal o cual propuesta es de izquierdas o de derechas: poner la etiquetar antes de conocer medianamente bien cuál es el contenido. Las estrategias se han impuesto al programa, y si no hay arrepentidos de última hora, tendremos repetición electoral.

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