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Cristina Losada

Podemos, el jazz y las supernovas

Podemos parece un partido supernova: un partido que nace como una explosión de luz intensísima pero se apaga al cabo de poco tiempo.

Cristina Losada
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Podemos parece un partido supernova: un partido que nace como una explosión de luz intensísima pero se apaga al cabo de poco tiempo.

En una ocasión, John Lennon dijo algo muy despreciativo sobre el jazz. El jazz, sostuvo, es sólo un grupo de tíos viejos que beben cerveza en los bares, fuman en pipa y no escuchan la música. Si bien se mira, es una acertada descripción de los votantes de los grandes partidos. Gente de cierta edad, poco dada a alterar sus rutinas, leal a su preferencia aunque le preste poca atención y nada tentada a seguir las modas. Lennon creía que el jazz, ¡con ese público!, se iba a extinguir. Por suerte, se equivocó. De modo similar, se equivocan los que han venido anunciando la extinción de los grandes partidos en España y nada menos que de un día para el otro: en las próximas generales. Porque una cosa es sufrir un desgaste, por notable que sea, y otra extinguirse. Defino extinguirse: que PSOE y PP dejaran de ser los partidos más votados y, por tanto, las alternativas de gobierno.

Fue Podemos el grupo que más aireó la profecía del cataclismo. Lo hizo subido a una ola hawaiana de sondeos que llegó a situarlo por encima del PSOE. Desde esas crestas demoscópicas sus dirigentes no dudaron en anunciar su arribada a La Moncloa. Enseguida. Ya mismo. Se preparaban y estaban preparados, decían, para gobernar. Con un par y sin abuela. Y hubo muchos admiradores de aquella estrategia: la fortuna sonríe a los audaces y todo eso. Si el electorado cree que puedes ganar, te votará más y ganarás. De ahí, de esas expectativas alimentadas durante meses, que uno de los datos más interesantes del barómetro del CIS de abril sea la caída de la estimación de voto a Podemos en las generales. Siete puntos de enero acá. Ninguna broma.

El parón en el ascenso ya lo detectaron otros sondeos, y este último indica que el poder de atracción de Iglesias y compañía sufre un grave menoscabo. Tan notable que induce a preguntarse si Podemos es un partido supernova: un partido que nace como una explosión de luz intensísima pero se apaga al cabo de poco tiempo. Y a pesar de que el apagón total es improbable, no lo es que acabe por reducirse a su espacio natural, que es el de Izquierda Unida en sus buenos tiempos.

Su retroceso, intuyo, tiene un punto de inflexión: las autonómicas andaluzas. Contra lo que esperaban, su resultado no logró hacer sombra al PSOE ni al PP. De aquellas urnas salió que Podemos no era, como pretendía, la alternativa al PSOE. No podía con él, por más que Andalucía fuera Andalucía y no quisieran extrapolar. Asunto éste que a la vista del sondeo del CIS plantea una cuestión interesante: ¿de qué le ha servido a Podemos su supuesto giro socialdemócrata? Que es un giro, si acaso, a la socialdemocracia que fue. A la de 1980 aproximadamente.

En el barómetro del CIS se visualiza un doble empate. PP y PSOE siguen arriba, en las ramas altas, aunque desmochadas, con porcentajes semejantes. Y casi diez puntos más abajo se perfila otra equis entre Podemos y Ciudadanos, que ha tenido un ascenso espectacular desde enero. Los dos grandes partidos, aun debilitados, mantienen su condición de partidos de gobierno, mientras los dos emergentes se disputan el papel de árbitros. Nadie se atreve a predecir qué ocurrirá de aquí a las generales, y yo menos que nadie, pero esto ya parece un panorama más realista. El jazz no ha muerto.

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