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Cristina Losada

Prohibido decir "copago"

En España tenemos un serio problema para debatir sobre cómo financiar servicios públicos y prestaciones.

Cristina Losada
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En España tenemos un serio problema para debatir sobre cómo financiar servicios públicos y prestaciones.

Mereció el otro día portada en la prensa que el programa electoral de Ciudadanos pueda proponer la introducción de mecanismos de copago en la sanidad y la educación. Dicho con mayor precisión, se trataría de que las comunidades autónomas que decidan aumentar el catálogo de servicios tengan la posibilidad de recurrir al copago. El encargado de la propuesta fiscal de C's, Francisco de la Torre, explicaba lo siguiente:

Si una comunidad autónoma quiere dar más servicios, tendrá que pedirle ese esfuerzo a los ciudadanos y no echarle la culpa al Estado central. Ese esfuerzo se traduce en impuestos o bien en pedirle más precio por determinados servicios (…) Tendrá que ver si lo cobra o si les sube los impuestos a los ciudadanos.

La idea parece razonable, y más razonable aún el propósito de que las comunidades autónomas tengan una mayor corresponsabilidad fiscal. Pero no hubo tiempo ni ganas de debatirla. En cuanto apareció copago en letras de molde, se armó. Desde el PP se tachó de "inaceptable" la propuesta, alegando que supondría la existencia de "una sanidad para los pobres y otra para los ricos". Y el dirigente del PSOE, Pedro Sánchez, se limitó a la descalificación por duplicado: “La fórmula Rivera es igual que la fórmula Rajoy, es decir, recortes y desigualdad”.

En España tenemos un serio problema para debatir sobre cómo financiar servicios públicos y prestaciones. Ese problema queda reflejado en las predecibles reacciones de los dos partidos que acabo de citar. Pero el problema de fondo se revela en el hecho de que merezca portadas una propuesta que menciona el copago y nos las merezca el pago. Es como si no le interesara a nadie saber cuánto nos cuestan los servicios públicos. Aún más: se diría que ni siquiera interesa que se sepa que cuestan algo. Desde luego, el común del partido político español no detalla ni subraya nunca cuánto cuestan las cosas, y mucho menos cuánto cuestan los nuevos servicios y prestaciones que promete. Lo único que subraya siempre es la gratuidad.

Entre nosotros, no sólo es tabú el concepto copago. Lo es también el pago. Nadie ignora que paga impuestos, aunque solemos desconocer cuánto pagamos en realidad. Pero la relación entre los impuestos y los servicios públicos, entre lo que se paga y lo que se recibe, está envuelta en la niebla. Ni hay plena conciencia de ella, ni hay al respecto buena información. Si hubiera ambas cosas, se mirarían con lupa las promesas que entrañan más gasto y se miraría con absoluta desconfianza a todos los que prometen algo gratis total. Sucedería, en fin, lo contrario de lo que ha ocurrido durante años, merced al cultivo y al arraigo de la ficción de la gratuidad. El alarmismo con que se recibió la propuesta de Ciudadanos sobre el copago muestra que no es nada fácil romper ese viejo círculo vicioso.

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