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Cristina Losada

Referéndum sobre un chalet

Esta es una prueba de la capacidad de las bases para cabalgar contradicciones, habilidad que Pablo se ha esforzado en enseñarles. A ver si lo han aprendido.

Cristina Losada
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Esta es una prueba de la capacidad de las bases para cabalgar contradicciones, habilidad que Pablo se ha esforzado en enseñarles. A ver si lo han aprendido.
Pablo Iglesias

Aquí y allá hay gente de Podemos que habla del error. Como voz autorizada, si no con autoridad, sí con auctoritas, pongamos a Monedero. Ha dicho que Iglesias cree que "la gente va a entender que quiera aislarse frente a esa presión" y que "ahí es donde comete el error". El infeliz propietario del chalet prácticamente lo reconoce: "No pensé que el hecho de querer criar a los hijos que voy a tener en un contexto un poco más tranquilo pudiera suponer un debate". No sé cómo no le compadecemos. Les compadecemos, que son dos.

Sometidos a una presión insoportable de la prensa, los paparazzi y los fascistas, Iglesias y Montero, en vista de su próxima paternidad y maternidad, oportunamente anunciadas a bombo y platillo a la prensa, los paparazzi y los fascistas, deciden buscarse un refugio apartado, cerca de amigos con hijos que podrán jugar con los suyos, a salvo de la prensa, los paparazzi y los fascistas. Y, ¡pum!, les cae la mundial. La gente, su gente y toda la gente, atizados los bajos instintos por los antedichos, sólo se fija en que son 600.000 euros y hay piscina. En Galapagar. Empieza la bola de nieve serrana.

Hombre, mujer, haberse refugiado en Leganés, en Getafe, en Alcorcón. En un adosado como el de Corbyn, de esos donde el minúsculo jardín se convierte en trastero. Cualquier cosa menos imponente, Pablo, por Dios. Aunque ha dicho Echenique algo muy profundo: "Si fuera un chalet de lujo en una urbanización privada no podría haber fascistas". La prueba concluyente, vamos. Imagino que a Echenique se le quedó parte del análisis en el tintero y quería decir algo así: en las urbanizaciones de lujo los fascistas no andan por ahí, poniendo pancartas en el chalet del líder de los de abajo, porque están dentro, dentro de los chalets. Por si no lo ha pensado, se lo brindo.

El asunto del error tiene miga. Justamente por circunscribir el error a un defecto de sintonía. No al hecho en sí, sino a la falta de olfato. Es tramposo, pero es verdad que Pablo ha perdido olfato. Del de Irene nada se ha dicho, pero del olfato político de Pablo se han hecho panegíricos. Era un genio. Lo creía él más que nadie, pero también lo creían sus admiradores en los medios. Se les caía la baba cuando Pablo disparaba la demagogia que le hizo una estrellita y siempre querían más detalles de su vida modesta pero alternativa o viceversa. Eran detalles que él ofrecía sin pudor, sin reservas, sin poner límites a aquella intrusión en su privacidad: sus camisas de Alcampo, su casa en Vallecas con la loza sin fregar, sus hoteles baratos, su rechazo a la primera clase, sus comidas de menú, el autobús mejor que el avión. A un acto electoral en Vigo llegó en el coche de línea, y es que un tren moderno no era suficientemente de los de abajo.

Toda aquella intimidad que exhibió para probar su repudio de la casta y sus costumbres (cochazos oficiales, mansiones, sueldos, comidas, pensiones, privilegios) le dio su acta de diputado, junto a sus indignados y ensayados eslóganes sobre el sufrimiento social. Unos, los de arriba, nadando en la abundancia y el lujo; otros, los de abajo, pobres desahuciados, buscando mendrugos en la basura. Ese fue su tema y esa fue su consagración. Su vida personal, con todos los detalles que tanto gustaba conocer a las audiencias y que él tanto gustaba de ofrecer, funcionaba como aval de garantía de su diferencia radical con los de arriba, de su pertenencia a los de abajo, de su compromiso con la liquidación de la casta. Ese aval es el que acaban de romper Pablo e Irene. Roto por otro tipo de aval.

No tema, sin embargo, la pareja. Las bases podemitas no son tontas. Saben que todo este lío en realidad es un acoso. Si no lo saben, ya se lo dicen sus dirigentes: un acoso de "la derecha mediática y la extrema derecha". Uno más. Hay que repetirlo y lo repetirán: Podemos es el partido más acosado de toda la historia habida y por haber. Cuando eres la niña bonita de los medios es lo normal. Cuando te sacan bazofia es acoso. Cuando sale que has comprado un chalet de puta madre en Galapagar es "acoso y destrucción reputacional".

Las bases podemitas comprenderán que, tal como aseguran sus líderes, lo relevante no es que Pablo e Irene hayan comprado un chalet de puta madre con piscina. Es que el poder y la derecha intentan destruirlos. Por eso, y porque el referéndum está muy bien planteado –o aprobáis el chalet o nos vamos al chalet y os dejamos sin líderes–, lo suyo es que salgan airosos. Esta es una prueba de la capacidad de las bases para cabalgar contradicciones, habilidad que Pablo se ha esforzado en enseñarles. A ver si lo han aprendido. Como cantaba su admirado Paco Ibáñez: ¡a cabalgar! O sea, ¡a Galapagar!

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