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Cristina Losada

Sabina, Podemos y las reinas del espectáculo

Partidos como C's y UPyD primero se fundaron y luego aparecieron en los medios. Podemos siguió el trayecto inverso.

Cristina Losada
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Partidos como C's y UPyD primero se fundaron y luego aparecieron en los medios. Podemos siguió el trayecto inverso.

Madonna y Lady Gaga empezaron peleándose en broma. "¿Sabes qué, Madonna? Estoy mucho más buena que tú", le dijo la segunda a la primera hace unos años, en un rifirrafe preparado para beneficio de los espectadores del Saturday Night Live. "¿Sabes qué?", respondió la aludida, "yo soy mucho más alta que tú. ¿Qué clase de nombre es Lady Gaga? Suena a comida para bebés". Aquello fue una comedia, pero se daban todas las condiciones para que las dos estrellas se lanzaran dardos auténticos. ¿Cómo no van a rivalizar la estrella veterana y la nueva que la imita y amenaza con arrebatarle el trono? Al lado de Lady Gaga –recuérdese su modelito de filetes de carne cruda–, la en tiempos provocadora Madonna resulta convencional: ya es establishment. Sic transit.

El pique entre las dos reinas del espectáculo musical no es, en el fondo, tan diferente del que han tenido el cantante Joaquín Sabina y el partido político Podemos. El primero es vieja estrella del llamado mundo de la cultura, o sea, los músicos, actores, cineastas y similares que aprovechan su fama para lanzar mensajes políticos. Es curioso, pero cuando se habla del mundo de la cultura se quiere significar que hace política (de aquella manera), lo cual, por ir a lo básico, consiste en odiar a un partido y amar a otro. Unos partidos, por cierto, que siempre son los mismos, para qué complicarse la vida, igual que siempre son los mismos los famosos políticamente alineados.

Tal es la autoridad en materia política, ¡y económica!, concedida a los famosos politizados que se inquiere por las opiniones políticas de un Sabina como si le importaran a alguien. Y el caso, caso raro, es que a Podemos le importaron. No es cuestión de lo que se dijeron, sino de que se dijeran. Es difícil imaginar que Rajoy, Sánchez, Rubalcaba, incluso Zapatero, tan cortejado por la farándula, se tomaran la molestia de responder a la nadería de un cantante. Sencillamente, no está en su mundo, por más que el otro quiera colarse. En cambio, lo de Podemos es diferente, porque se ha colado en la política gracias al espectáculo.

Nuevos partidos, como lo fueron en su día C's y UPyD, primero se fundaron y luego aparecieron en los medios. Podemos siguió el trayecto inverso: primero los medios y después el partido. Por eso en la papeleta puso el rostro del líder: aquello que las audiencias habían visto en la tele. Su mundo tiene, así, espacios comunes con aquel al que pertenecen Sabina y demás famosos politizados. Y nada más natural que la rivalidad entre las viejas celebrities habituadas a dar lecciones de política, y las recién llegadas que se dedican a lo mismo. Pelea de reinas del espectáculo. Es lo que tiene el show-business.

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