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Daniel Rodríguez Herrera

El machismo de los salvadores de Irene Montero

Puede que acierten lo que quería decir la aún ministra de Igualdad, pero no son lo que realmente dijo.

Puede que acierten lo que quería decir la aún ministra de Igualdad, pero no son lo que realmente dijo.
La ministra de Igualdad, Irene Montero, en la rueda de prensa posterior al consejo de ministros. | Europa Press

La ministra de Igualdad declaró este miércoles en sede parlamentaria que "todos los niños, las niñas, las niñes" tienen derecho "a saber que ningún adulto puede tocar su cuerpo si ellos no quieren" y también "a amar o tener relaciones sexuales con quien les dé la gana basadas, eso sí, en el consentimiento". Es decir, que si los críos dicen que sí, entonces los adultos les pueden hacer de todo. Toda una apología del abuso sexual a menores, dicha además con ese irritante tono regañón exasperado que suele gastar Irene Montero, como si estuviera en posesión no sólo de la verdad sino de la ética y la moral y estuviera hablando con gente perversa que no entiende ni quiere entender lo obvio.

Como lo que ha dicho es claro y cristalino, la reacción de nuestros progresistas a semejante barbaridad se ha centrado en asegurar que la han malinterpretado, que en realidad quería decir que tienen derecho a la educación sexual, o que los niños pueden elegir hacer lo que quieren con otros niños, o que deben entender qué es el consentimiento para cuando sean adultos, o que deben ser libres de elegir su orientación sexual. Interpretaciones que, quién sabe, puede que acierten lo que quería decir la aún ministra de Igualdad, pero no son lo que realmente dijo. Desde entonces, Montero, habitualmente hiperactiva en redes sociales, no ha tenido aún a bien iluminar a sus fieles con la consigna de qué quiso decir realmente, así que no hay acuerdo aún sobre esta importantísima cuestión.

Algunos biempensantes me dirán que qué barbaridad, que cómo podemos pensar que la ministra dijo lo que dijo. Pues porque conocemos perfectamente a la izquierda y sabemos que Podemos nada tiene que ver con el clásico socialismo de sindicatos, huelgas y defensa del obrero, sino de mayo del 68. Y los héroes que celebra la izquierda de aquella efeméride, de Sartre a Foucault, estuvieron defendiendo la pederastia durante años y, en algunos casos, practicándola. Y que la ideología de la que mana la ley trans que abanderó Irene Montero hunde sus raíces en el trabajo de John Money, cuya teoría de que el sexo es maleable a voluntad lo llevó a hacer vivir como una niña a un niño al que un accidente había dejado sin pene. Experimentó con él porque tenía un gemelo que le servía de variable de control. Bruce Reimer, al que llamaron Brenda, nunca se comportó como una niña, lo que no impidió a Money publicar que sí. ¿Las consecuencias? Fatales para los protagonistas: ambos gemelos acabaron suicidándose, y su padre también lo hizo después, corroído por la culpabilidad. Y calamitosas para la sociedad y la ciencia: fue en el periodo en que el experimento se creía que había tenido éxito en el que se normalizaron las operaciones de cambio de sexo incluso en niños y se popularizó la idea absurda de que sexo y género no son lo mismo y este último es infinitamente maleable.

Con esos antecedentes, ¿qué tendría de raro que una ministra de esa nueva izquierda apoyara que los menores pueden acostarse con quien quieran? Y mas cuando tenemos el antecedente de su defensa a ultranza de Mónica Oltra, que incumplió con su deber legal de defender a una menor que tenía bajo su custodia como consejera frente a los abusos a los que la sometió su entonces marido. Aun en el supuesto de que Irene Montero realmente no crea que es un derecho de los menores tener relaciones sexuales con quien quieran, está claro que no le parece un asunto tan grave como para poner en cuarentena sus relaciones políticas con la sátrapa de Valencia. Tampoco que Juana Rivas se negara a denunciar o siquiera llevar al médico a su hijo de tres años con indicios de violación impidieron que abanderara su indulto.

Con todo, lo que cabe preguntarse es quién se creen que son esos machirulos que se han lanzado a reinterpretar las palabras de Irene Montero. ¿Qué se han creído, que como es mujer no sabe expresarse correctamente y necesita que unos caballeros de brillante armadura se lancen a defenderla? ¿Acaso insinúan que no sabe hacerlo ella, como buena feminista empoderada que es? Aunque es verdad que veinticuatro horas después aún no lo ha hecho. Igual es que tiene algo mejor que hacer. Como apoyar las manifestaciones de mujeres en Irán contra la imposición del velo. Aunque sobre eso tampoco ha dicho nada, que HispanTV es mucho HispanTV. En fin, algo dirá. O no.

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